¿A qué se debe el éxito del Guaguas?

Análisis psicológico del CV GUAGUAS

Hace tiempo, quería analizar a este equipo.

Desde que lo conocí me gustó mucho su voley y todo lo que hay alrededor de este.

Actualmente son los campeones de La Copa del Rey, y son uno de los mejores ocho equipos de Europa. Desde aquí mi enhorabuena💘

Pude presenciar en directo La Copa del Rey y os prometo, que fue una locura vivirlo tan cerca de ellos.

Esta publicación tiene algo especial, porque no la hago sola. Para ello he tenido la ayuda de uno de los miembros de este equipo.

Sebastián Aguilar, asistente técnico del CV Guaguas accedió a darme su visión de cómo es el equipo desde dentro.

No quería que este articulo fuese una simple sensación mía, sino que quería que mis reflexiones tuviesen una base real que partiera desde el interior del funcionamiento de este equipo.

Sebas, gracias por aceptar, ser tan honesto conmigo y dedicarme un ratito de tu día.

Dicho esto, vamos al análisis en sí 😉

Competencia Sana – Ser equipo

Una de las cosas que más me gustó al estar cerca del Guaguas, fue su banquillo (os dejo un vídeo para que sepáis de que hablo).

La primera pregunta que le hice a Sebas fue: háblame del equipo.

«Competencia sana», fue lo que me respondió. Aunque no se juegue siempre se apoya al equipo y se trabaja como si se jugara aunque con antelación se sepa que no se jugará.

«Somos una familia, no hay egos» me seguía contando. El objetivo del equipo está claro, ganar y los jugadores saben que todos quieren eso. No reprochan ni le pelean al entrenador. Saben que el que está en pista, lo hará mejor en ese momento que cualquier otro.

Los que se encuentran en el banquillo quieren que a los de dentro les vaya bien.

El principio que mueve al equipo es el hambre de ganar, no el hambre de ser el mejor. Y eso hace, que cada uno pueda dar lo mejor de sí cada vez que sale. No por nada, sino porque el objetivo va mucho más allá de como juegue yo, sino de como lo haga el equipo. El individualismo se queda atrás y se trabaja por y para el equipo.

Cuando le pregunté a Sebas por el motivo del éxito del equipo me dijo:

  • Sebas: ¿A nivel deportivo?
  • Mar: A nivel de deportivo y de grupo, ¿qué dirías que hace que vaya tan bien el equipo?
  • Sebas: Para mí, lo deportivo y el grupo van de la mano. Sin el grupo, lo deportivo no vendría. Lo personal llevó a lo deportivo.

«Lo deportivo y el grupo van de la mano», permitirme que lo repita.

¿Cuántas veces hacemos referencia a esto como entrenadores?¿Y cuánto cuesta que se dé así?

Cuando lo escuché hablar, me encantó como él mismo, veía y sentía al equipo. Desde fuera yo lo notaba, no eran un equipo individualista. Era una familia. Y Sebas, me lo confirmó.

El día de la final, estaba justamente detrás de ellos. Y veía como el banquillo se volvía loco cada vez que dentro se hacía punto. Lo sentían como si fuesen ellos mismos los que acababan de hacer punto. En cada tiempo muerto, el banquillo iba con una sonrisa acercándose a los demás. Le chocaban la mano, daban alguna visión que desde fuera se veía de forma diferente, les animaban, y daban buenas vibras.

Y pensarás, que esto debería ser lo normal. Pero no lo ví de esta forma en otro equipo. O quizás no me percate de que fuese tan así.

Es curioso, porque otras plantillas, tienen jugadores que por escasa experiencia tienen más ganado el puesto de banquillo y su entrada al campo es pequeña. En este caso, el equipo contiene mucha calidad dentro y fuera del sexteto titular. Y esto mismo, es lo que me hace sorprenderme y alegrarme de que el ego no pese más que el equipo.

Eso sí, creo que eso no viene por casualidad, sino que el mismo entrenador es el encargado de generar esto. Abajo profundizo sobre el rol del entrenador.

Comunicación

«El inicio fue dudoso Mar» me contaba Sebas. Se fue desarrollando el equipo de menos a más, continuó contándome.

Me pareció curioso esto y traté de indagar. Mi curiosidad era saber cómo un grupo numeroso acababa generando confianza en cada uno de los integrantes.

  • Sebas: «Se comunican mucho, se habla sobre lo que se cree que el otro hizo mal»
  • Mar: ¿Y cómo se llega a ese punto?
  • Sebas: Con los viajes, la Champions nos unió mucho.

Cuanta razón tiene. ¿Realmente, qué une a un equipo?

El estar juntos, el compartir cosas. Ese tener que estar con el otro si o si, hace que la comunicación tenga que ser continua y asertiva. Hace que para poder mantener una convivencia, hable sobre lo que no me gusta del otro cuando este lo hace.

Los entrenamientos hacen que se comparta mucho del día a día.

Pero cuando uno viaja, pasa muchas horas en el bus, sale del partido, vuelve al hotel, come con el equipo, duerme con el equipo. Se desarrolla esa comunicación que genera confianza. Como se dice, el roce hace al cariño, y cuanto más roce haya en un equipo, más cariño habrá.

Sebas me contaba, que al principio esta confianza no esta en el estado actual. No se conocían tanto y hablar de lo que a uno le molesta no es fácil cuando no se conoce al otro. Sin embargo, todos estos viajes tan lejanos y de tantas horas han hecho que esa confianza florezca y la comunicación sea mucho más honesta, continua y real.

El liderazgo de Sergio Miguel Camarero

Unas líneas arriba hablábamos del hambre de ganar, de que el equipo va primero.

Mi intriga era saber si esto, venía de los jugadores, o alguien lo generó.

«Lo empezó Sergio», me afirmó Sebas.

Él desde el inicio habló de que lo importante era el equipo y ganar. Tenían que estar unidos y no se les podía ir la cabeza.

Sebas destaca la honestidad de Sergio. Cuenta que cada jugador tiene y conoce su rol. Cada uno tiene su función y el entrenador lo comunica de forma clara a ellos. También lo hace con la parte del staff, que es imprescindible para que el equipo pueda desarrollarse adecuadamente.

«Si el fisio no ayuda a la descarga, sino se pone la red, si no se crean las estadísticas… Todos somos importantes», me decía Sebas. Y esto, lo ha creado Sergio.

Pienso que, cuando un jugador ve como su entrenador es honesto, le mira de frente y le dice lo que hay, este se lo cree. Y eso siento de estos jugadores. Siento que van a donde Sergio diga y que si son suplentes, lo aceptan porque saben que Sergio quiere lo mismo que ellos, ganar.

Y cuando ese jugador que comienza en el banquillo tienen la oportunidad de jugar, lo hará dejándose el alma.

Y aquí tiene mérito el jugador con sus acciones.

Pero tener motivado al que juega y al que no. Hacer que el quipo vaya a una, sea lo que sea. Eso. Eso mismo, es mérito del entrenador.

El liderazgo dentro del entrenador es la habilidad más básica que debe tener. Y Sergio, es un gran líder.


Desde aquí, mi enhorabuena y admiración a la gestión de equipo del primer entrenador del Guaguas. Enhorabuena de nuevo al equipo y en especial a Sebas, por ayudarme a darle consistencia a este post.

Ahora, os dejo el punto final que les dio La Copa del Rey. Como veréis, se trata de una familia que celebra un logro juntos, porque cada uno aportó con lo podía.


Tu post de cada lunes, hasta la semana que viene😉

Mar Durán🚀 La Catalizadora Deportiva

¿Por qué el equipo A se cree superior al equipo B?

Dentro de un club, solemos tener varios equipos. A parte de por categorías suelen estar divididos por nivel.

Si dentro de una categoría infantil femenino hay muchas jugadoras, se seleccionarán y se crearan grupos de nivel y/o de edad. En esto, cada club tiene su método, pero normalmente la distinción es por nivel.

Me refiero con nivel a aptitudes físicas, características antropométricas, conocimiento y desarrollo técnico y táctico. No quiere decir que aquella persona que forme parte del equipo A vaya a tener un mayor progreso que quién esté en el equipo B.

Es posible que en este momento, esa persona pueda encajar mejor en un equipo A, que en el B, pero eso no quiere decir que esa persona tenga si o sí las habilidades para tener una carrera profesional, ni que dure realizando el deporte muchos años.

Te cuento esto, porque conozco historias cercanas que lo corroboran. Amistades, me cuentan que cuando eran pequeños su nivel era inferior al resto, debido a una maduración más tardía u otros acontecimientos. En esos inicios eran jugadores de los equipos B, pero con el tiempo, eso mismo ha sido lo que le ha permitido mantenerse en el juego más allá de los 20 años. Ambas amistades, han estado jugando en la tercera división de nuestro voleibol español, Primera Nacional. Recuerdo, habiendo estado en sus inicios en equipos B.

Por lo tanto, antes de nada, quiero que te quedes con esto. Formes parte del grupo que formes ahora, no dice nada de lo que será tu futuro como jugador.

La «superioridad» del equipo A

Quiero tocar este tema por que me parece realmente interesante y del que leí y escuché muy poco. Quiero relacionar esto con la falsa autoconfianza porque pienso que puede ser la causa que denota esa supuesta superioridad.

Eso sí, aclarar con esto, que no creo que todos los jugadores que formen parte de un nivel superior traten con inferioridad al resto. No creo, ni quiero creer que sea una tendencia general. Pero si conozco casos en los que se da y me encantará profundizar sobre ello.

Sobre la falsa autoconfianza ya hemos hablado aquí. Sin embargo, vamos a hondar un poco más sobre este tema concreto.

Definíamos la falsa autoconfianza como la apariencia de una autoconfianza muy débil. Es decir, cuando uno no tiene realmente seguridad en sí mismo pero quiere hacer creer a los otros que sí. Con su lenguaje sobre lo que hace o puede hacer y en el juego tratando de hacer esas cosas que, en realidad, no puede hacer.

Sería el polo opuesto de una real autoconfianza.

Teniendo esto más fresco, me surge la siguiente reflexión.

Si yo ya soy un jugador que forma parte del equipo A:

¿Qué necesidad tengo de presumir de eso mismo?¿Si tengo que presumir y hacer ver que estoy en el A será porque no me siento del A?¿Tengo que hacer al otro inferior para yo sentirme superior?

Estas distinciones de categorías suelen darse en plena adolescencia. Conocemos que en esa etapa de la vida es fundamental el reconocimiento del grupo y la integración dentro de este. Sentirse excluido del grupo superior puede tomarse como carencia en la valía personal. Pero, obviamente, eso no es así.

Y a la inversa, ocurre igual. Pertenecer a ese grupo «superior», no te hace valer más. No obstante, se sentirá así.

Y en los encuentros de ambos equipos puede haber conflictos. El A tiene más nivel que el B, eso es obvio y los del A quizás jueguen con esto de forma inmadura.

Lo he presenciado. He visto como jugadores dejaban de ser amigos por separarse de nivel, por no formar parte del mismo grupo.

¿Qué ocurre cuando pasa esto?

Como dije arriba, pero quiero recordarlo, lo que cuento aquí es una visión propia y reflexión del contenido que conozco y la explicación que yo daría ese problema.

Por un lado, el del A, quiere mantener su posición, quiere sentir que «está por arriba», tenga o no tenga la habilidad. Si la tiene, seguramente no presuma de ella, sino, tratará de hacerles a los otros ver que la tiene.

¿Por qué? Porque tendrá miedo de que se note que realmente esta ahí por estar y que no tiene el rendimiento y la habilidad que se pide. Por defensa propia, hará lo imposible para que pueda parecer que sí.

Y aquí es donde entra en juego, la falsa autoconfianza. Generada tras unas expectativas irrealista del jugador, donde predomina más lo que quisiera ser, que lo que es (Buceta, 2020).

Y por el otro lado, encontramos un jugador que se siente menos efectivo, porque objetivamente lo será. Y esto, nunca es un plato de buen gusto. Sentir que hay otros mejores y que tú por tus condiciones no puedes llegar ahí, molesta. Y más en una etapa rebelde en la que sientes que puedes y eres capaz de hacerlo todo.

En ocasiones esto hará que este último desarrolle el conocido «victimismo», donde ponga el enfoque en lo externo para quitarse responsabilidad interna y sentirse algo mejor. Si creo que estoy en el B porque el entrenador del A me tiene «manía», me sentiré mejor porque eso no depende de mi y no puedo hacer nada para cambiarlo. En cambio, si tomo la valentía y asumo que esa decisión si tiene que ver con mis capacidades y rendimiento, tendré que hacerme responsable y trabajar en ello. Y esto, es lo complicado.

En ambas situaciones, la falsa autoconfianza prevalece. Ninguno se enfoca en sus aptitudes de una forma realista, y achaca al otro su estado y nivel.

Lo digo mucho por aquí, pero creo que es una habilidad que el ser humano tiene que desarrollar.

HONESTO contigo mismo, es lo único que te va a permitir poder avanzar. Ser consciente de qué careces te ayudará a trabajar en ello e ir desarrollándolo con trabajo, paciencia y tiempo. Si vas de «chulo» y sientes que no tienes que mejorar nada, no te pondrás a trabajar en ello y te quedarás estancado culpando al resto porque no te dio la oportunidad que tu sentías que merecías.

¿Qué hacer si estoy en el A?

Disfrútalo. Hay alguien que cree que puedes tener un rendimiento y progreso mayor que el resto. Trabaja como el que más. Mira cada entrenamiento como una oportunidad que no cualquiera tiene en el que vas a mejorar mucho si pones de tu parte.

No presumas de nada. Que seas más habilidoso en ese deporte no te hace habilidoso en otras áreas, ni mucho menos, tu valía como persona aumenta. Tan solo eres una persona que su inteligencia procedimental y de movimiento en este momento, es superior al resto.

Usa eso que se te da mejor para ayudar al resto. Sirve de referencia, ayuda y acompaña a otros que no están a tu nivel a que puedan estarlo.

¿Qué hacer si estoy en el B?

Céntrate en ti, en ser mejor, no eches «balones fuera».

Hazte responsable de tus habilidades y proponte objetivos realistas que te hagan estar motivado. Habla de tu rendimiento actual y no del que te gustaría.

Estoy segura de que resaltas en muchas otras inteligencias, y en esta, con mucho trabajo, quizás también lo hagas.

Enfócate en ti, el problema no es que el entrenador tiene «favoritismo». La tarea es que tienes que hacer un extra para estar donde al habilidoso, en esta área, le sale innato.


Recuerda, tu valía personal no depende del grupo al que formes parte, depende de eso que eres capaz tú de hacer con los recursos y oportunidades que tienes frente a ti.


Tu post de cada lunes, hasta la semana que viene😉

Mar Durán🚀La Catalizadora Deportiva


Referencias

Buceta, J.M. (2020) Psicología del Deporte de Alto Rendimiento. Barcelona, España: Editorial Dykinson, S. L.

¿Qué decir durante un tiempo muerto?

La actuación del entrenador durante el partido

Durante el desarrollo del partido, la comunicación del entrenador puede ser mientras se da el propio juego, lo que sería una participación activa, o en los periodos de pausa, como el cambio de set o los tiempo muertos.

En este post, concretamente vamos a tratar esos momentos de pausa, cuando el juego se detiene. En un tiempo muerto, en un cambio de jugador del otro equipo o el propio.

El momento resultante entre el set que finaliza y el otro que comienza, da para otro post. Así que en las próximas semanas, lo tendrás😏. Coméntame «SET» para que sepa que lo quieres.

Sobre la actuación del entrenador durante un partido, ya tienes una publicación en la web.

La información que te daré aquí esta basada en las recomendaciones que da José María Buceta (2000) en su libro Baloncesto para jugadores jóvenes. Eso sí, estará adaptada a nuestro deporte, el voleibol.


Buceta (2000) comienza este apartado diciendo que los periodos de pausa son cruciales dentro del juego. Las pausa que son bien aprovechadas pueden ser muy útiles para que el jugador, aparte de recuperarse físicamente, pueda reconectar mentalmente para rendir un poco mejor.

Pero… mal usadas, pueden ser muy perjudiciales en el desarrollo posterior.

Para hacer un mal uso de estas pausas tan solo es necesario introducir pensamientos o imágenes negativas, como algún comentario poco apropiado de un compañero, un reproche del entrenador o un mal gesto.

Detención del juego

Será aquel momento en el que el balón esté parado por cualquier circunstancia, exceptuando el tiempo muerto o el cambio de set.

Cuando la bola del sacador está lejos, el árbitro llama al capitán, hay un cambio de jugadores, alguna lesión cercana a la red, entre otros.

Para que este momento de parón pueda ser beneficioso para el jugador y equipo, el entrenador tiene que tener en cuenta que:

  • Lo que emita tiene que ser algo muy claro, específico y con mucha relevancia en ese momento.
  • La intención debe ser centrar la atención de los jugadores en un aspecto clave que ocurrirá cuando reanude el juego. Las acciones pasadas déjalas atrás, no hables de ellas
  • Al hablar ten un propósito en mente. No es nada conveniente que hables cuando no es necesario. Si estás enfadado, canaliza esa furia de otra forma. Pero no añadas gritos a tus jugadores, le hará tener que estar alerta a estímulos extra que no son imprescindibles en ese momento. Ni mucho menos, grites al otro entrenador o árbitro. Además de por respecto, por el rendimiento efectivo de tu equipo.
  • No te dirijas continuamente a los jugadores. Estos necesitan autonomía y estar pendiente del entrenador no le ayudará. Algunos pueden sentirse incómodos si el entrenador continuamente le está corrigiendo, pudiendo aumentar su ansiedad respecto a su ejecución. Si le es incómodo esto obviará cada palabra que le diga su entrenador, sea o no útil para él.
  • Lo que si es muy útil es reforzar el esfuerzo que se está dando, tanto a nivel individual como colectivo.
  • Si se ha cometido un error, anímales a seguir intentándolo de una forma más efectiva, buscando nuevas soluciones.
  • Obvia todo comentario despectivo que pase por tu cabeza. Y por supuesto, no uses ese momento de pausa para criticar el trabajo del jugador.

Recuerda que no es un tiempo muerto, solo es un parón en juego. Todas estas ideas no pueden darse. Son una guía qué cosas y que no puedes decir mientras la bola está parada pero tus jugadores siguen en el campo.

De aquí, quiero resaltar un apartado. Habla solo si tienes algo que decir de mucho valor. Si es algo importante que les ayudará a focalizar su atención, hazlo. Sino, permanece en silencio.

Tiempo muertos

¿Qué decir durante esos escasos 30 segundos?

Buceta (2000), lo que nos recomienda es que, ya que tenemos más tiempo en estos momentos, realicemos una rutina de funcionamiento como entrenadores.

¿A qué se refiere con rutina de funcionamiento?

A una serie de acciones que siempre se repitan en el mismo orden. Para que así tanto tú como el grupo sepan como actuar en esos momentos. Esta rutina dará calma y familiarización a la situación.

Como sugerencias importantes, nos muestra las siguientes:

  • Acostumbra a tus jugadores a que se acerquen rápido al banquillo.
  • Deja 15 segundos para que los jugadores beban agua, se relajen mínimamente mientras el entrenador escoge las palabras que quiere decir.
  • Solo habla el entrenador. Que el resto del staff permanezca callado para que la atención de los chicos solo esté en un de ellos. Es poco tiempo, cuanto menos estímulos tengan, más calará esa información en ellos.
  • No quieras decir muchas cosas, sé muy claro y breve.
  • Habla con energía, no te pases de velocidad y no te atropelles hablando. Di frases que estén completas y que sean comprensibles por los jugadores. Serán momentos tensos, asegúrate de estar calma cuando emitas tus palabras.
  • Si vienen de un error, hacer un comentario breve para que se olviden y se enfoquen en los aspectos que vendrán.
  • Refuerza las acciones que vistes más destacables.
  • Si vienen de una racha muy buena, refuerza ese esfuerzo, cooperación y concentración que se está dando.
  • Una vez que el refuerzo esté dado, focaliza la atención de ellos en las acciones que van a darse en cuanto se reanude el juego.
  • Acaba con palabras de ánimo para que entren con ganas en la pista.
  • Y por último, trata que la atención este en las acciones, no el marcador.

José María Buceta (2000) acaba este apartado diciendo: «los tiempos muertos son grandes oportunidades para formar a los jugadores, ayudándoles a mejorar individualmente y como equipo. Por lo tanto, no deben malgastarse sino utilizarse eficazmente».

En resumen, y como bien concluye nuestro querido psicólogo deportivo, aprovecha el tiempo muerto para formar a tus jugadores. Asegúrate de estar calmado y tener en mente las palabras adecuadas para que pueda ser útil esa detención del juego.


Tu post de cada lunes, hasta la semana que viene 😏

Mar Durán 🚀 La Catalizadora Deportiva


Referencias

Buceta (2000) Baloncesto para jugadores jóvenes, cap 5 La actuación del entrenador en los partidos.

¿Qué decirle a mi jugador para que haga punto?

Cuando acabes de leer esta publicación tendrás herramientas que te van a hacer mejorar tu comunicación de forma exponencial. Tanto como entrenador, como jugador.

Principalmente te voy a explicar porqué:

  • Decir frases con la palabra NO te harán conseguir lo contrario
  • Debes mostrar más imágenes y menos palabras
  • Es muy importante qué tipo de expectativas tienes frente a tus jugadores
  • El refuerzo positivo puede jugar en tu contra

Antes de nada, contarte que este artículo está destinado a la comunicación entrenador-jugador. No obstante trata temas básicos y fundamentales sobre el diálogo. Dicho de otra forma, te ayudará mucho usar este tipo de indicaciones cuanto hablas contigo mismo y cuando tienes que comunicarte con tu compañero dentro del campo.

La forma en la que debe dirigirse un entrenador a un jugador, debería ser la forma en la que tú te hablas y le hablas a tu compañero.

Sin más dilación, vamos a ello.

Nunca digas «no falles» porque le hará fallar

De inicio, cualquier frase que contenga un NO puede dar pie a confusiones y no siempre será tan clara como se querría.

Un entrenador debe comunicarse de forma muy clara, breve y concisa, y más si estamos en un partido. En el trascurso de este, el jugador tendrá que acudir a muchos estímulos. Añadir más información compleja por parte del entrenador hará que el jugador tenga un desgaste excesivo fuera de la pista.

Pero, ¿porqué decir «no falles» hace que falles?

Pues esto se lo debemos a James W. Pennebaker. Pennebaker descubrió que cada palabra del lenguaje es procesada por nuestro cerebro a través de imágenes. Es decir, procesamos las palabras visualizando eso a lo que hace referencia. Por lo que si me dicen pelota, mi cerebro no traduce P-E-L-O-T-A, sino que se aparece en este la imagen de una pelota.

¿Qué pasa con el NO? Pues que la palabra «NO» no tiene representación gráfica en nuestro cerebro. Si yo te digo «No pienses en un elefante rosa» tu cerebro se habrá imaginado algo grande y rosa sin haberse dado cuenta. Ya que, el NO, no tiene una representación visual en nuestra mente.

Por lo tanto, siempre que usemos una frase con la palabra «NO» nuestro cerebro se imaginará haciendo aquello que en verdad no querías realizar.

El lenguaje positivo como solución al NO

Para resolver el problema del NO, la idea es hablar en un tono afirmativo-positivo. Haciendo alusión a eso que realmente si se quiere conseguir. Si lo que quieres es que tu jugador meta el saque en el otro campo, dile: «Saque dentro»; en vez de: «No falles el saque».

Usa en tu lenguaje las palabras de las acciones finales de eso que quieres conseguir. Si quieres que tus jugadores estén concentrados en el juego, no les digas «no pienses en nada». Diles, eso mismo que quieres que hagan «pon los ojos en la bola y anticipa al contrario».

Las ideas que rondan por nuestra cabeza predisponen a nuestro cerebro. Nuestra mente busca que haya correspondencia entre la forma en la que se entiende la realidad y lo que pasa en verdad. Por lo que, si tienes una idea, sea posible o no, tu cerebro se encargará de manipular y generar esa acción para estar en consonancia con esas ideas.

Esta es la razón, por la que el autodiálogo, y la forma en la que nos hablamos y hablamos a la gente es tan importante.

¿Y cómo afecta lo pienso en lo que se hace?

Quizás te suene más el Efecto Pigmalion, identificado por primera vez por el psicólogo Robert Rosenthal y el educador Lenore Jacobson en 1968. Y en él, nos explican la importancia de las expectativas propias sobre los demás y cómo afectan al resultado de las acciones de estos.

Llegaron a esta conclusión tras un famoso experimento. Dividieron una clase en dos categorías, los que tenían buenos resultados académicos y los que no. Esta información la sacaron de unos test que hicieron con antelación al grupo.

Los resultados fueron conocidos por los profesores.

Al final del curso, se descubrió que los que formaban parte de la categoría de los «inteligentes», obtuvieron buenas notas. En cambio, los que formaban parte de la otra categoría, tuvieron como resultado peores calificaciones.

Lo realmente curioso de este experimento es que era mentira.

No era cierto que esos niños tuviesen mas capacidad que los otros, eso fue invención de la propia investigación. Pero los profesores actuaron en función de esos resultados con los alumnos. Comportándose diferente según sus capacidades.

Se descubrió así, que la expectativa que tenemos frente a una situación o persona contribuye a que eso mismo sea lo que acabe ocurriendo.

¿Y tú, tratas diferente al que crees que puede tener un mayor rendimiento en el juego?

¿Es posible que tu jugador no esté evolucionando por que tu pensamiento no le deja?

Quizás le estas robando a un jugador oportunidades que otro puede estar desperdiciando.

Honestamente, escribiendo esto, me doy cuenta, que yo también caí en esto. Es complicado no tener una idea de nuestros jugadores en mente y no actuar respecto a ella.

Esto no quiere decir que yo tenga que quitarle progresión al que por sus condiciones físicas puede llegar más lejos. Sino que, tengamos cuidado, respecto a quién le estamos dedicando más tiempo y porqué.

Que si un jugador no evoluciona sea por su propia causa, no por que nuestras expectativas le cortaron su progreso.

¿Cómo pensar entonces respecto a nuestros jugadores?

Diría que con apertura. Que en ningún momento aparezca en tu cabeza la idea de: «esta persona no está preparado para eso, no sabe, no va a poder hacerlo». Dale un voto de confianza. Dale los mismo recursos y oportunidades que le das al que crees que sí lo tendrá.

Darle alas y usar el refuerzo positivo puede ser una muy buena alternativa. Pero también tendrás que tener cuidado con éste.

El refuerzo positivo puede jugarte a la contra

Sabemos, que el refuerzo positivo es la forma en la que tiene que comunicarse un entrenador. Está demostrado que los castigos no contribuyen realmente a la realización de la acción como tal, y genera mucho perjuicio a largo plazo con la actividad en sí. Además de tener al niño en una alerta constante por miedo a ser castigado.

Teniendo claro esto, es importante que el refuerzo positivo, entiéndase refuerzo positivo como, aquellas frases y palabras que hablan positivamente de lo que realizó el jugador y le animan a seguir por ese camino, no nos juegue una mala pasada con su exceso.

Este lenguaje es el que desarrolla la motivación en el jugador: “¡Excelente trabajo! ¡Ese saque fue muy bueno! ¡Estoy orgulloso de ti!”,

Aristóteles ya decía que «en el término medio está la virtud».

Me explico, abre bien tus ojos👀, esto es importante.

Cuando nosotros emitimos una frase que conlleva aspectos positivos frente a la actuación del jugador desarrollamos una cierta emoción en él que le hace sentir que ese es el camino por el que debe ir. Le hace entender que si vuelve a repetir eso, volverá el reconocimiento de su entrenador.

¿Pero, qué ocurre?

Ante este continuo feedback positivo, nuestro cuerpo desarrolla una cierta tolerancia. Si este refuerzo positivo se excede, el jugador necesitará un extra de este refuerzo, ya que la simple frase que antes le motivaba, ya no lo hace. Perderá su efecto puesto que se volvió algo natural a cualquier acción que realiza.

Si continuamente emitimos un refuerzo positivo, este perderá su validez cuando realmente sea necesario. Dicho de otra forma, si cuando mi jugador está rematando, o intentándolo y no pasa la bola al otro lado, y mi respuesta es «muy bien hecho» y esto lo repito cada vez que lo hace, ¿qué efecto crees que tendrá cuándo realmente diga «muy bien hecho» porque si le pasó la red?

Si mi efusividad y lenguaje es el mismo haga algo bien o mal, el jugador no notará una diferencia entre las respuestas de sus diferentes acciones.

El refuerzo positivo para que pueda ser realmente efectivo debe usarse de manera selectiva y específica. Usa un lenguaje que ayude al jugador a seguir intentándolo. Pero trata de no decir, «muy bien», cuando no este bien.

El jugador no es tonto, él sabe cuando hace las cosas bien y cuando mal. Si tu le dices que lo hizo bien, cuando lo hizo mal, es posible que no te tenga muy en cuenta la próxima vez, porque sentirá que solo quieres animarle por que sí.

En mis inicios, caí en el exceso de refuerzo positivo. Todo el rato iba diciendo «muy bien, muy bien». Pero llegó un punto en el que me di cuenta de esto mismo. Estaba diciendo «muy bien» a cosas que no estaban muy bien. Quería que las chicas pudiesen seguir intentándolo y no se desanimaran, pero esa no era la acción correcta. Así, conseguí que cuestionaran mis palabras cuando las emitía.

Usa el refuerzo positivo siempre y cuando esa acción quieres que sea repetida de nuevo por tu jugador. Anímale siempre a seguir intentándolo, y ten cuidado con el exceso del «muy bien».

En resumen

De este post quiero que te lleves en claro lo siguiente:

  • Habla en positivo a tus jugadores. Olvida la palabra no e indicales aquello que sí quieres que hagan.
  • Hazte amigo de las imágenes y úsalas en mayor medida que tus palabras.
  • Cuida las expectativas sobre tus jugadores y ten cuidado en no limitar a ninguno de ellos por tus expectativas frente a su rendimiento. Confía en tu trabajo y en que evolucionará.
  • Usa el refuerzo positivo de forma selectiva y específica. Tan solo cuando sea una conducta que quieres volver a ver

Ahora, ya sabes que tienes que decirle a tu jugador para que haga un punto.


Tu post de cada lunes, hasta la semana que viene😉

Mar Durán🚀 La Catalizadora Deportiva