
Estaba el otro día viendo la Copa de España de vóley playa. Concretamente estaba viendo un partido de grupos. Estaba disfrutando de ver a las jugadoras mostrando un muy buen juego. En actitud, en toma de decisiones y en efectividad.
Viéndolas, me surgían muchas preguntas que me hicieron llegar a esta reflexión que hoy quiero dejarte.
Antes de contarte que quiere decir eso de «echar cosas” en una mochila y el resultado de mi reflexión, quiero hacerte a ti las mismas preguntas que me hice yo esa tarde.
¿Cómo es posible que estén jugando tan bien si entrenaron regular?
Es la primera vez que le veo pegando así, ¿porque no en el entreno?
No respondas tan rápido. Dale una vuelta.
Imagínate que este fin de semana tienes una ruta de senderismo. Te han dicho que es sábado a las diez de la mañana, pero no sabes muy bien de que distancia será.
Hoy estando a lunes, inicias tu preparación para esa ruta.
Te pones a pensar que diferentes cosas harán falta en tu mochila y empiezas a meterlas.
Todas no las metes el mismo día, ya que son muchas y no tienes mucho tiempo.
Durante la semana, cada día vas metiendo cositas nuevas que sabes que te harán falta para esa ruta.
Piensas en que podría llover y echas un chubasquero; también podría hacer calor, por lo que echarás una gorra y crema de sol.
Echas tu batería portátil, comida para picotear como frutos secos y algún plátano. Te haces un bocadillo por si se hace tarde.
Incluso echas algo de ropa extra, dinero, agua y un pequeño botiquín por si acaso.
La mochila está hecha. Está llena de cosas que crees que podrán hacerte falta, y algunas otras que sabes que no, pero las echaste por lo que pueda pasar.
Comienzas la ruta y vas tranquilo porque sientes que tienes una mochila a tu espalda con cosas por si en algún momento las necesitas.
Tú sabes que no todas las usarás, y también que querrás usar algunas que se te olvidaron echar o no tenías.
Conforme vas caminando por la ruta, vas echando mano a tu mochila según la situación te determina.
Te pones la gorra cuando el sol aprieta. Bebes algo de agua cuando la pendiente es más grande de lo esperado. Te paras a comer tu bocadillo a la mitad del trayecto y te echas crema cuando empiezas a notar que el sol pica.
Vuelves a casa, con la mochila no tan llena como al inicio, pero con la tranquilidad de que llevabas aquello que necesitabas usar.
Ahora, imagínate que esa ruta es tu partido.
Que esa preparación de la mochila son tus entrenamientos.
Y que el contenido de tu mochila son todos los recursos que tienes a tu alcance.
Psicológicos, físicos, técnicos y tácticos.
Lo ideal sería llevar una mochila cargada de cosas, no sabes que te hará falta y cuantas más cosas tengas, más seguridad puede darte.
Aunque, no siempre tener algo en la mochila, es sinónimo de usarlo. Puede ser que tengas una crema de sol pero se te ha olvidado que la tienes. Quizás la echaste hace tanto tiempo, que se quedó en el fondo y otras cosas lo ocultaron.
O puede ser, que prepararas las cosas, pero se te quedarán en el mueble de la entrada y no la acabaras echando.
Según sean tus recursos (mochila) durante el entreno (preparación de la mochila) así será tu rendimiento cuando estés en el partido (ruta).
A menudo puedo ver como hay jugadores que tienen mochilas que no conocen o que no saben usar.
Y esto no solo pasa en la parte psicológica, sino también en la parte técnica.
Puede ser que tú como entrenador o yo como psicóloga, hayamos trabajado x herramienta, ejercicio o situación, pero eso no otorga el poder de saber usarlo. Que yo tenga una linterna en mi mochila, no quiere decir que yo sepa donde se enciende.
Esta fue la reflexión a la que yo llegué.
Durante los entrenamientos, los entrenadores echamos cosas en las mochilas de nuestros jugadores. Hay algunas mochilas más abiertas, en las que entra todo, otras más cerradas, en las que a veces no entra ni lo básico. Pero también hay mochilas pequeñas y grandes. El entrenador debe saber que mochilas tiene delante y qué de lo que hay en esas mochilas, sus jugadores saben usar.
En este momento, te digo que, tengas paciencia. Muchas veces parece que la mochila no tiene nada (entrenan mal) pero realmente esta si se está llenando.
Con la experiencia, el jugador sabrá cuantas cosas tiene en su mochila y aunque no siempre sepa como usarlo, si se encuentra en mitad de la noche, averiguará como encender la linterna.
Es decir, aunque en el entrenamiento tú veas que tu jugador aun no sabe pegar una finta línea o un ataque diagonal, calma, porque si lo has entrenado suficiente, eso lo tiene en su mochila y tan solo necesitará la situación justa para sacarlo.
Como entrenador y jugador te diría que (es lo que trato de hacer yo siempre como psicóloga) intenta llenar tu mochila del mayor número de recursos diferentes posibles. Pero con cuidado, si la llenas mucho, ese peso hará que no puedas continuar.
Al igual que en una mochila no puedes llevarte toda una casa, en tu cabecita no pueda estar todo. Debe estar lo que te dé confianza, lo que sabes que en esos momentos será oportuno: esa frase que te da aliento, ese gesto que te libera o esa acción que siempre sabes que es punto.
En resumen, encárgate siempre de tener tu mochila llena, aunque sientas que no sabes usar aún las cosas, tú llénala, porque realmente no sabes que necesitarás en cada momento. Y una vez que ya estés en la acción no tengas miedo de echar un ojo y de ponerte a rebuscar que es lo más correcto para el desafío que se te presenta delante.
Quédate con esta idea: entrenar es echar cosas en una mochila y competir es saber qué cosas, cómo y cuando usarlas.
Mar Durán – La Psicóloga del Voleibol