Los padres también… ¿juegan? El rol del padre dentro del equipo de su hijo/a y cómo debe actuar el entrenador

Necesario y delicado. Así encuentro este post.

A menudo escucho como entrenadores dicen «los padres son los peores…». No lo escucho solo en el voleibol, sino en general.

Esto también tiene que ver con el deporte nacional español: la crítica y queja.

Pero posiblemente, el entrenador tenga algo de razón. O no.

Mi idea con esta publicación es hablar del rol del padre/madre, de cómo actúa y qué debería hacer realmente; y cómo el entrenador debe gestionar esas situaciones conflictivas antes de que aparezcan y qué hacer si finalmente se dan.

También te voy a contar mi experiencia con los padres, que a pesar de no tener queja en mis tres años de entrenadora, hubo un evento que casi me lleva a juicio (sin duda mi peor momento como entrenadora).

Pero bueno, eso te lo cuento más adelante.

Lo que si te digo ya, es que estas líneas están preparadas para ser compartidas por el grupo de WhatsApp de los padres.


El rol del padre/madre dentro del equipo de su hijo/a

Antes de que te llene de ideas mías, ¿cuál debe ser el rol de un padre en el equipo de su hijo/a?, ¿en qué si y en qué no debe meterse?, ¿debe hablar con el entrenador?, ¿quejarse al árbitro?, ¿criticar a los compañeros de su hijo/a?, ¿enfadarse porque su hijo hizo un mal partido?

Hace dos años, en mi intento por entender a los adolescentes con mi propia experiencia creé una publicación donde daba algunas pinceladas que podían ayudar a padres y a entrenadores a saber como Entrenar y criar a un adolescente (pronto habrá una segunda parte, ya que estoy estudiando realmente qué pasa en el cerebro del adolescente). Puedes irte a leerlo después de leerte este (te dejaré el enlace abajo, de nuevo).

Ahora, volvamos al rol del padre.

El rol del padre dentro del equipo del hijo/a es acompañar. Fin.

Los padres deben ser apoyo, guía, ejemplo, seguridad. No lo contrario. Y ser ejemplo no es gritar al árbitro, entrenador, ni pelearse con los padres rivales de la grada.

Es más, te diría que ser un buen padre dentro del equipo de su hijo, es que no te conozcan. Es que hayas hecho tan poco ruido, que aunque te vean en la grada no sepan ni tu nombre, y apenas conozcan tu voz, o la relacionen con un «ánimo, aún podéis».

El protagonista debe ser el hijo/a, no el padre. Y esto jamás se nos puede olvidar. Posiblemente veas cosas que no te gusten, pero debes pensar en como lo vas a solucionar porque esa será la forma en la que tu hijo/a creerá que se resuelven los problemas.

Si tienes un problema con el entrenador, no le grites tras el partido. Tú estás molesta/o por algo que no te gusto. Serás de todo menos racional. En ese momento no entres en un conflicto, saldrá mal.

Mi humilde consejo: si hay algo que quieras hablar con el entrenador, nunca lo hagas tras un partido. Si habéis ganado y fue una buena victoria, quizás. Pero tampoco lo recomiendo, su felicidad podría no ser muy racional.

Si yo fuese tú, me esperaría al siguiente entrenamiento. Ahí, a ti ya te dio tiempo a que tu actividad mental y emocional bajase, has visto las cosas desde una perspectiva diferente y ya no todo pesa tanto. Y al entrenador, ese tiempo también le vendrá bien, para ordenar sus ideas y actuaciones.

No obstante, al igual que cuando viene el fontanero a tu casa, no le dices cual es la tubería y palanca que tocar. No eres nadie para decirle al entrenador, qué y cómo se debe jugar.

Eres el padre/madre, el profesional es el entrenador. Puede equivocarse, faltaría más, pero siempre será profesional y lo hará lo mejor posible.

Como padres solo ayudaréis dando apoyo, guía y acompañando. Todo lo demás, es saliros del rol de padre/madre.

Si quieres proteger o defender a tu hijo, le ayudarás más, enseñándole a él como hacerlo, que haciéndolo tú. Si tu lo haces, él nunca sabrá como hacerlo cuándo se encuentre solo.

Así que, resumiendo un poco. Vuestro rol es animar y dar mucho amor desde la grada. Tratar de intervenir lo menos posible (da información relevante al entrenador, como situación familiar, enfermedades, eso sí), pero no entres en cosas que no son de padre, como el sistema de juego o quien está en banquillo. Si tienes muchas quejas, hay muchos equipos de voleibol en cualquier parte.

Aun así, si tu queja u opinión quieres trasladársela, nunca lo hagas tras un partido, deja un par de días entre medias, desde ahí, la conversación podrá resolver muchas más dudas. Y por supuesto, lleva el respeto siempre contigo, no le grites al árbitro, ni a los padres del otro equipo. Tu hijo/a está viendo una manera incorrecta de tratar a las personas, y será muy difícil modificar esa actitud cuando crezca.


Relación entrenador y padres

En la introducción te dije que te contaría mi experiencia con los padres.

Honestamente, ha sido maravillosa. A mi, hasta el tercer año, me sorprendía que alguien me dijera «los padres son los peores», los padres de mis niñas eran espectaculares. No me dieron ni un problema, jamás se metieron en mi trabajo o en cómo actuar o qué decir. Iban a todos los partidos, animaban de forma cuidadosa y si los rivales faltaban el respeto, ellos hacían como si no escuchaban nada. Desde aquí y si me alguno me lee, gracias papis por esos tres años tan bonitos y fáciles que me hicisteis pasar.

Pero como todo historia bonita, hay alguna sombra por ahí. Y dirás, «Mar, pero si has dicho que los padres fueron maravillosos, ¿qué problema te dieron?». Ese es el tema, el problema que te voy a contar, no lo generó un padre, sino la tita de una de las jugadoras.

Lo que casi me lleva a juicio fue lo siguiente.

Viernes (creo recordar), con doble jornada esa semana. Partido complicado, contra un rival superior a nosotros y con una historia de pique de años (los típicos clubes que no son muy amigos). Había tensión, mucha. Y las niñas, estaban nerviosas. Jugamos regular, por decir algo. Y durante el partido, a una jugadora, de las mías, le sacaron dos tarjetas amarillas.

Has leído bien. Dos tarjetas amarillas. No se puede, lo sé. El árbitro me conocía y no quería quitarme un punto por la actitud de la jugadora, así que se inventó algo y no me echó la roja.

Imagínate como debió ser la actitud de esa chica, para llegar a ese nivel. Cierto es, que ahí la culpa fue mía. Yo debería no haber sacado de nuevo a la pista a esa jugadora.

La cosa es que, tras el partido, yo tenía que regañar a esa jugadora. Si me conoces, sabes que mi forma de regañar podría ser el hablar normal de cualquier otro.

Pero, se ve que alcé la voz y la su tita lo escuchó.

Al lunes siguiente, esta persona me dijo que llevaría mi caso (regañar tras un partido y una actitud antideportiva) al juzgado de menores para que se me abriera un expediente por mi mala conducta con un menor.

Repito, le regañe por su mala conducta durante un partido oficial en el que le amonestaron en dos ocasiones. Me quedé corta con la regañina, ya te digo.

Por suerte, todo eso quedo en nada, pero el disgusto me lo lleve.

De esta historia, quiero que te quedes solo con una cosa. Da igual lo que hagas. Lo bien que lo hagas, mejor dicho. Siempre, siempre, habrá alguien a quien no le parezca bien lo que dijiste e hiciste. Por eso, entrenador, tienes que tener mucha personalidad, las ideas muy claras y los h*evos/ovarios, muy buen puestos.


Prevenir los problemas con los padres

La historia que te he contado no debe ensuciar lo que ya te he dicho, mi relación con los padres de las niñas fue maravillosa.

Ahora podría decirte que fue así por el sistema que voy a contarte. Pero siendo muy honesta, no lo sé. Quizás fue suerte y me tocaron los padres más apañaos de to’ Grana’, no lo sé.

Pero si puedo decirte que unir lo que voy a contarte con mi cercanía, dulzura y comunicación junto a la educación, cariño, amor y cercanía de los padres de mis niñas hicieron que en mis tres años no hubieran problemas (bueno, excepto uno, ya lo conoces).

Soy de la idea de que, cuanta más información mejor. No al jugador, sino en general.

Nuestro cerebro tiene una característica importante, sino sabe que pasa, se lo INVENTA. Así es, se monta su película sobre lo que cree que es y de ahí no le sacas.

Los padres pueden montarse muchas películas, a no ser que nosotros le demos la serie ya hecha.

Quiero decir, si el padre ya sabe que va a pasar, y cómo, poco margen de imaginación le dejamos.

Y eso mismo, es lo que yo durante esos tres años hice desde el inicio de temporada. Te cuento.

En cuanto tenía el equipo cerrado, creaba una reunión de objetivos con las jugadoras. En esa reunión, yo les entregaba un contrato. Un contrato de compromiso con equipo y conmigo. En él, aparecían todo tipo de normas, expectativas mías, objetivos, vestimenta, castigos, TODO.

Incluyendo la participación de los padres, cómo debía ser y lo que yo necesitaba de ellos.

Este contrato debía ser firmado por las chicas y los padres, para que yo supieran que estaban de acuerdo con cada una de las ideas con las que yo iba a trabajar y las consecuencias que estas tendrían.

Lo que te digo, que no se si fue esto, o la suerte, pero nunca hubo problemas con los papás.

Así que, entrenador, si yo fuese tú, empezaría la temporada que viene haciendo esto. Posiblemente te ahorre muchos problemas.

Y lo mejor es que, si el problema se da, tú ya sabes como resolverlo. En el contrato está expuesto cada una de las normas y castigos. Tu trabajo de repente, se verá mucho más liviano.

Entrenadores, si queréis que haga una publicación hablando de ese contrato, qué debe tener, que no debe tener y como debe ser redactado, hacérmelo saber y os lo creo.

En resumen, entrenador, aunque hagas un buen trabajo, alguien siempre verá una manchita pequeña que lo ensucia «todo». Pero no es real. Estás haciendo muchas cosas bien, que un padre aburrido no te haga cuestionarte todo tu estilo de trabajo.


Si quieres seguir leyendo sobre como Entrenar y criar a un adolescente (hazme clic y te llevo).


Mar Durán | La Psicóloga del Voleibol

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