
El otro día una seguidora me envió este mensaje:
«Por noviembre había llegado una nueva compañera y no sabía nada de voley, y pues ella iba mejorando, llevará 6 meses. Pero esq mi entrenador todo el rato le da el reconocimiento a ella, cuando hay muchas jugadoras que iban genial y no les decía nada. Pero luego a mí me tiene alguna manía que por más que intente algo y me salga la mínima mal, me lo corrige, pero a ninguna más del equipo, solo a mí. Pues a la chica nueva» no le decía nada cuando a ella le pasaba lo mismo que a mí. Luego en los partidos siempre estoy en el banquillo, por más que me esfuerce terminaré en el banquillo, y el dice «la que no dé todo de ella, va al banquillo» y parece como si lo hiciese aposta.»
Y sobre esto mismo, es de lo que hablaremos hoy.
Para iniciar, hay varias conceptos que debemos tener claros en ese mensaje.
El primero es que no voy a entrar en el comportamiento del entrenador. Soy de la idea de que cada entrenador siempre lo hace lo mejor que puede, y si no lo hace de otra forma, es que no tiene ese conocimiento en su mente.
La segunda parte, es que vamos a obviar a la «otra» chica, ya que ella lo único que ha hecho es llegar más tarde al equipo.
Por lo tanto, en este publicación solo te voy a hablar de lo que la seguidora me pidió al finalizar el mensaje: «por si me podrías ayudar a como procesarlo y como debería de pensarlo».
Vamos a procesar esta situación y enfocar nuestro pensamiento de la mejor forma para que nos impulse a seguir entrenando con una visión diferente que nos ayude a motivarnos de nuevo.
En el mensaje de arriba, mi seguidora habla de que hay otra jugadora a la que se le dice «bien» y a ella se le regaña. Eso parece la idea principal del texto, pero realmente no es así.
Al yo leer estas líneas solo noto como lo que pide la chica es valoración de su esfuerzo. Nada más.
Realmente la otra chica es un personaje secundario que engrandece nuestra sensación de falta de reconocimiento, por que a ella sí y a mi no.
Pero el problema es que esta jugadora no está sintiendo por parte de su entrenador el esfuerzo que ella siente que está dando. Es más, siente como eso no es suficiente e incorrecto.
Cómo gestionar la sensación de «No valoran mi esfuerzo»
Voy a ser dura, pero eso va a ayudar a que esta parte la gestionemos mejor.
Quizás tu esfuerzo no está siendo suficiente.
Y eso no quiere decir que no estés dando todo tu esfuerzo. No dudo eso. Digo que, quizás todo tu esfuerzo, no es suficiente para el esfuerzo que el entrenador necesita (o el partido, o la competición).
Esto es como si vas a comprar un coche que vale 10.000€ y tú solo tienes 8.000€, aunque des todo tu dinero, no es suficiente para comprarlo. Y esos 8.000€ no es que sean poco, es que para esa situación y con ese coche, no son suficientes. Para otro coche, pues puede ser que sí.
Pero, esto es solo una opción.
Al igual que puede ser que tu esfuerzo no sea suficiente, puede ser que tu esfuerzo si sea suficiente pero tú entrenador no lo vea, o no lo quiera.
Sea como sea, te encuentras en una situación en la que das y sientes que no recibes lo mismo. Esto te desmotiva, te hace sentir pequeña, insuficiente y te pone a pensar, «¿vale la pena?¿porqué sigo aquí?».
Me esfuerzo y no es suficiente, ¿qué hago?
Asúmelo. Ese es el primer paso.
¿Por qué razón (no soy suficiente)?
Ni idea, nos da igual. Lo único que necesitábamos saber es que, lo que estamos haciendo AHORA, no está dando el resultado que queremos.
En esta situación, tienes dos opciones: una, dejar esto así y seguir quejándote; dos, ver cómo cambiar las teclas que no están funcionando.
Si elijes la segunda, sigue leyendo. Si te quedas con la primera, puedes dejar de leer.
Veamos que está pasando.
Nos esforzámos mucho pero seguimos en el banquillo y nos regañan cada vez que hacemos algo mal.
Vale.
Que te regañen cuando haces algo mal, es un regalo. Sí, un regalo, has leído bien. Si te están regañando, ya te están mostrando que te miran, y si te miran es porque le interesas como jugadora. Si te regañan es que no les da igual que hagas el ejercicio mal, sino que quieren que lo mejores.
Es decir, de algo que parecía «negativo» ya hemos visto que nos puede ayudar a ser mejores. Esas regañinas pueden ser nuestra salvación, porque nos están mostrando que es lo que hacemos mal. Y eso que hacemos mal, es lo que nos retiene en el banquillo (o no, nunca lo sabremos).
Pero, es una opción.
Así que, a partir de ahora, cada vez que tu entrenador te regañe, quiero que se te venga a la cabeza este pensamiento: «está pendiente a mi porque quiere que sea mejor, voy a tratar de corregir lo que me dice», «mi entrenador quiere que sea mejor, por eso me ayuda».
Ya que tenemos solucionado el tema del entrenador, vamos a centrarnos en el que a nosotras realmente nos incumbe.
Si estamos esforzándonos pero somos banquillo, posiblemente sea porque la otra que está en mi posición, domina alguna área más que yo.
He dicho área, no juego. A lo mejor, la que juega por ti no domina más que tú el balón, pero si es una buena líder, sabe gestionar el error y calmar a sus compañeras.
Sea como sea, ella aunque se esfuerce menos, o igual que nosotras, no lo sé, está donde nosotras queremos estar. Por lo que, ella estará haciendo algo que nosotras no hacemos.
Obsérvala. Desde la admiración, no desde la envidia o el odio. Trata de ver cómo juega, cómo se comporta, qué dice.
Y luego mírate a ti. ¿Qué tú no haces?
No seas dura contigo. Sé objetiva. Quizás ella tiene una mejor plataforma de antebrazo o al colocar sus dedos se notan libres y no rígidos.
Mírala con detenimiento, ¿cómo se comunica con el entrenador?, ¿y con el resto de compañeras?, ¿qué hace cuando comete errores?
Elije una cosa y durante esta semana, trata de mejorarla.
Y quiero acabar este artículo con la siguiente idea.
El esfuerzo es necesario, pero no es determinante.
Que te esfuerces no te da condición de merecer algo. Si el talento de otra es superior a ti, y se necesita rendimiento, la otra, aunque se esfuerce menos, estará por delante tuya.
Esto j*de y mucho.
Pero el deporte, una de las cosas que nos enseña es esto mismo.
Te esforzaste y no obtuve nada. Pero si no lo hubieses hecho, ¿donde estarías?
El esfuerzo solo aumenta las posibilidades, pero no da el premio.
Sino observa los JJOO. Los deportistas se esfuerzan durante más de cuatro años sacrificando muchas cosas de su vida, ¿para qué? Para que solo 3 puedan optar a un reconocimiento. Pero si no te esfuerzas, jamás tendrás la opción ni siquiera de tener opciones a ese reconocimiento.
Esto es algo que me está enseñando trabajar en alto rendimiento. El esfuerzo es innegociable, pero no es suficiente. Necesitas mucho más a parte de eso. Y refugiarte en que te has esforzado no te valdrá de nada si ese esfuerzo no es suficiente. Si entrenas cada día pero el otro te gana. El otro te ganó.
Eso sí, en categorías de formación, según mi punto de vista, siempre debe ser reconocido el esfuerzo, por delante del talento. En esas edades, no solo formamos a deportistas, también a personas, y estas deben saber y conocer el valor del esfuerzo.
Entrenador, nunca te olvides de reconocer el esfuerzo, tiempo y trabajo de tus jugadoras, aunque no sea suficiente, tienes a alguien que se está dejando todo lo que tiene. Aunque no la pongas a jugar, dile cuanto de orgulloso estás de ella porque cada día se sigue esforzando aunque no siempre puedas darle los minutos que «merece».
Lo voy a repetir de nuevo, porque quiero que te vayas con esta idea: el esfuerzo es innegociable, pero no suficiente. Esforzarte no determinará tu resultado, aunque siempre te acercará a él.
Mar Durán | La Psicóloga del Voleibol