Hoy te escribo desde una reflexión que me llevé del último Campeonato de España Universitario.
Entre partidos intensos, pulsos mentales y emociones a flor de piel, hubo una escena que se repitió más de una vez. Ganamos un partido. Y al terminar, una jugadora dijo: —Esto ha sido por la camiseta. Ya no nos la cambiamos en todo el torneo.
La escuché, sonreí y seguí a lo mío.
Pero la frase se me quedó enganchada como una pegatina mal puesta.
La volví a oír en otra persona.
Y en otra.
No con las mismas palabras, pero con la misma esencia: «Ganamos porque llevábamos esto, hicimos aquello, no tocamos tal cosa…»
Y me hizo pensar.
Porque es fácil caer en ese pensamiento. Tan fácil como abrazar la idea de que hay algo mágico que decide si hoy ganamos o no.
Como si el partido no se jugara en la pista, sino en la camiseta, en la goma del pelo o en la canción que suena antes del calentamiento.
Eso tiene un nombre: superstición.
Y aunque a veces hace gracia, y a veces da seguridad, también —muchas veces— nos hace olvidar que el mérito, el de verdad, no está fuera. Está dentro.
Las Supersticiones
Las supersticiones tienen su función. No voy a negar que nos calman. Nos dan la ilusión de que tenemos el control en un mundo donde todo es incierto.
En ese sentido, funcionan como un pequeño sedante mental: si hago esto, si llevo esto, si repito esto, me irá bien.
Damisch y su equipo (2010) lo explicaban muy bien: cuando una persona cree que un objeto o ritual le dará suerte, su rendimiento puede mejorar —no porque ese objeto tenga poder, sino porque esa creencia aumenta la autoeficacia. Es el efecto placebo aplicado al deporte.
¿Pero qué pasa cuando nos aferramos demasiado a eso? ¿Qué pasa cuando confundimos un gesto de confianza con una condición obligatoria? ¿Y si un día no tengo la camiseta, la goma, la canción? ¿Dejo de jugar bien?
Superstición vs Rutina
No es lo mismo una superstición que una rutina precompetitiva. Y me parece importante decirlo, sobre todo como entrenadora y psicóloga.
Cotterill (2010) explicaba que las rutinas precompetitivas son secuencias de acciones conscientes y entrenadas que ayudan al deportista a prepararse mental y físicamente.
No dependen de la suerte ni de lo simbólico, sino de lo repetido con intención: respiración, visualización, activación corporal, palabras clave.
Una rutina se entrena. Se decide. Se construye desde lo que ayuda al cuerpo y al cerebro a entrar en modo partido.
Una superstición es repetir con miedo. Por si acaso. Porque una vez funcionó y no quiero que deje de funcionar.
Y ahí está la diferencia.
Una rutina me recuerda que el poder lo tengo yo. Una superstición, que el poder está fuera.
No pasa nada por tener manías. Yo también las tengo.
Y muchas veces son parte de nuestra historia con el deporte.
Pero me parece fundamental que aprendamos a distinguir:
¿Estoy haciendo esto porque me prepara, o porque me tranquiliza creer que sin esto no valgo?
Schippers y Van Lange (2006) decían que los rituales supersticiosos no son absurdos: cumplen funciones emocionales.
Nos ayudan a calmar la ansiedad, a sentir que podemos controlar algo en medio del caos.
Pero también advertían: cuando el deportista depende demasiado de ellos, puede volverse vulnerable si algo le impide repetir el ritual.
Te invito a pensarlo.
Porque cuanto más poder le damos a lo externo, menos espacio dejamos para reconocer todo lo que sí depende de nosotras.
Y ganar un partido no es magia.
Es trabajo.
Es cabeza.
Es equipo.
Es constancia.
No te quites el mérito. No se lo regales a una camiseta.
El PsicoTruco paradejar de darle valor demás a tu camiseta
La próxima vez que te descubras repitiendo algo “por si acaso”, pregúntate:
¿Esto me ayuda a concentrarme o solo a calmarme?
¿Lo hago porque lo necesito o porque tengo miedo a no hacerlo?
¿Qué tres acciones sí están bajo mi control y me preparan de verdad para rendir?
Diseña tu ritual consciente:
Elige 2 o 3 acciones previas al partido que te conecten contigo (respirar, visualizar, dar una palmada, repetir una frase, etc.).
Repite esas sí, porque construyen, no porque condicionan.
Y si quieres llevar tu camiseta favorita, llévala.
Pero que no sea la camiseta la que juega por ti.
Tú llevas el juego dentro.
Lo otro, es decoración.
Para tener El PsicoTruco en PDF y aprender diariamente sobre psicología y vóley:
Cotterill, S. T. (2010).Pre-performance routines in sport: Current understanding and future directions. International Review of Sport and Exercise Psychology, 3(2), 132-153.
Damisch, L., Stoberock, B., & Mussweiler, T. (2010).Keep your fingers crossed! How superstition improves performance.Psychological Science, 21(7), 1014–1020.
Schippers, M. C., & Van Lange, P. A. (2006).The psychological benefits of superstitious rituals in top sport: A study among top sportspersons.Journal of Applied Social Psychology, 36(10), 2532-2553.
Ahora mismo estoy de camino al Campeonato Universitario de España con la selección de la Universidad de Granada.
Y justo por eso quiero escribir esto ahora. Ya lo viví hace dos años y aprendí mucho de esa experiencia.
Porque una cosa es entrenar durante todo el año, competir en jornadas sueltas de liga y vivir la rutina de siempre.
Y otra, muy distinta, es plantarte en un campeonato con partidos cada pocas horas, conviviendo con el equipo todo el día y sabiendo que el margen de error es muy corto.
En campeonato un lo que de verdad marca la diferencia es cómo gestionas tu cabeza.
Así que este post no va de lo que tienes que hacer. De eso ya hablaremos después.
Hoy te escribo para que no caigas en los errores más típicos. Para que no te conviertas tú misma en tu peor rival.
Y para que, si lo haces, al menos sepas cómo salir.
1. Te lo crees todo. Todo lo que se dice, todo lo que piensas, todo lo que esperas
Un campeonato empieza mucho antes del primer pitido.
Empieza cuando alguien dice que tu equipo es favorito. Cuando tu entrenador dice que este año toca llegar lejos. Cuando tú misma te repites que “esta vez sí”.
Y no digo que tener expectativas esté mal. Lo que está mal es que te las creas todas.
He visto a jugadoras con un nivel brutal venirse abajo porque no estaban cumpliendo con “lo que se esperaba”.
¿Pero quién esperaba eso? ¿Y por qué lo haces ley?
El problema de comerte esas ideas sin cuestionarlas es que te sacan de ti. Juegas para confirmar que “eres buena”, no para disfrutar. Y entonces, con un mal partido, se va todo a pique.
2. Te castigas por cada fallo
Esto lo veo a menudo: la jugadora que comete un error y se queda dando vueltas sobre él.
Se cree que hay que jugar perfecto. Que si fallas en un momento clave, el equipo pierde por tu culpa. Que si hiciste un saque fuera, ya no vales.
Y así no se puede competir.
Un campeonato tiene muchos partidos. Vas a fallar. Todos fallamos. El tema no es si vas a fallar, sino qué vas a hacer después.
Lo que suele pasar es que en lugar de cerrar el error, lo arrastras. Lo conviertes en una piedra que te acompaña todo el torneo.
Y claro, con cinco piedras encima no hay quien salte…
3. No te das un solo respiro mental. Ni uno.
Hay algo que no se dice mucho, pero que es fundamental: en los campeonatos, la cabeza se cansa más que el cuerpo.
Partido, descanso, partido.
Análisis, nervios, pensar en lo que viene, pensar en lo que pasó.
No dormir bien.
Comer raro.
Estar todo el rato con el equipo.
El móvil a tope.
El ruido constante.
Y encima tener que rendir.
No hay cabeza que aguante eso sin colapsar.
Y sin embargo, lo normal es que nadie hable de esto. Se habla de las piernas, del hombro, del dolor de espalda. Pero nadie dice: “oye, ¿tu mente cómo va?”
Hasta que llega el partido clave y no puedes pensar. Ni decidir. Ni ver la jugada. Porque estás saturada.
4. Empiezas a controlar lo que ya hacías en automático.
La presiónno se nota al principio. Aparece en semifinales. En la última jugada del quinto set. Cuando todo el mundo espera que hagas algo increíble.
Y tú, en vez de confiar, empiezas a controlar.
A pensar cada gesto.
A buscar que todo salga perfecto.
Y ahí es donde te desconectas.
El cuerpo ya sabía qué hacer. Pero tu cabeza se mete donde no hace falta. Y lo estropea.
No fallas porque no sepas.
Fallas porque te olvidas de confiar en que sabes.
5. Te convences de que el equipo ha perdido por ti.
Esta es la más dura. He visto a jugadoras romperse en llanto después de un error en un punto importante. Y decirme: “es que perdimos por mi culpa”.
Y no sabes cuánto me cuesta desmontar eso…
Porque sé que, cuando estás dentro, lo sientes así. Pero no es verdad. Un partido no se pierde por un punto. Ni por un saque. Ni por una persona.
Eso es lo que te dice tu culpa. Pero no lo que pasó.
El PsicoTruco para no desperdiciar tu campeonato
Si has llegado hasta aquí, ya sabes lo que NO hay que hacer.
Ahora viene la parte importante: cómo hacerlo diferente.
Cuestiona cada expectativa. ¿De verdad somos favoritos? ¿De verdad tengo que hacerlo perfecto? ¿O puedo simplemente hacer mi mejor partido hoy, con lo que tengo hoy? Confronta cada idea y dialoga con ella. Genera pensamientos que te hagan sentir bien, confiada, no con ansiedad frente a lo que pasará.
Suelta los errores. Literalmente. Después de cada partido, abre un blog de notas o una libreta. Escribe todo lo que fallaste, todo lo que te dolió. Sácalo de ti. Y luego escribe cómo quieres jugar el siguiente. Hazlo por ti. Para vaciarte. Para volver a empezar.
Descansa la cabeza. En serio. No todo es análisis. No todo es charla técnica. Entre partidos, haz algo que no tenga nada que ver con voleibol, aunque sea 10 minutos. Pasea. Escucha música. Duerme. Respira. Deja que tu mente se reponga.
Juega como sabes, no como crees que tienes que demostrar. Cuando llegue el momento clave, no intentes ser perfecta. Sé tú. Esa que ya jugó mil veces bien sin pensar demasiado. Esa que entrenó todo el año para esto.
No te culpes por lo que no hiciste sola. Un campeonato lo gana y lo pierde un equipo entero. No te lleves toda la carga tú. No es tuya. Mira todo lo que aportaste. Mírate con justicia.
Y si algo se te olvida en medio del torneo, vuelve a este texto.
Estaba recién acabada de mi entrenamiento. Mientras recogía mis cosas, alguien se me acercó y me dijo: «Mar, ¿podemos hablar?».
Dame un segundo que acabe de guardar todo y estoy contigo, le dije.
Esta persona empezó a hablarme de como se encontraba jugando. No paraba de fallar, sentía que no tenía oportunidades, y que estaba su equipo y luego el.
Esta división era porque se sentía alejado del grupo.
Seguí hablando con él y aunque parecía que se trataba de alguien con poca autoconfianza y muy centrado en el error, me fui dando cuenta de que no era así.
Es más, hasta el mismo se fue dandose cuenta conforme me contaba cada situación.
¿El problema real?
Me lo soltó con lagrimas en los ojos al final de nuestra conversación.
«Mar, soy invisible para mi entrenador. No me mira, no me corrige, no me habla. Es como si no estuviese allí».
Me dejó helada.
Era la primera vez que alguien me hacía referencia a ese sentimiento.
Me dejó helada, no por nada, sino por la verdad y dolor que había en sus palabras.
No me estaba contando algo por contar, estaba verbalizando algo que le ardía por dentro.
Algo que no sabía cómo hacer para que dejara de quemarle.
No te voy a mentir. En ese momento no supe qué responderle.
Es más, no me acuerdo ni que le dije.
Por eso este post, porque quiero que tenga esa persona y cualquier otra, herramientas suficientes para dejar de sentirse así.
¿Cómo dejo de sentirme invisible si nadie quiere mirarme?
Este tema es complejo. Mucho.
La mayoría de los temas que trato por aquí, hacen referencia a uno mismo.
¿Por qué?
Porque es lo único que podemos controlar. No depende de mi que piense otro o como actúe. Y aunque eso me haga estar mal, no puedo trabajar desde lo que hace o piensa el otro.
Sino sobre como me hace sentir a mi y como actuó yo frente a esa realidad.
Aquí voy a dar por hecho que está «invisibilidad» es real. Y quiero poder trabajar desde ella.
Aunque ya te adelanto, que no va ser fácil y quizás la solución que te doy no te guste.
Y es que, como antes te he dicho, no depende de nosotros lo que otro piense, diga o haga sobre nosotros. Pero si depende de mi cómo actuó e interpreto eso que me ocurre.
El PsicoTruco, estará basado en gran parte sobre ello, pero antes quiero hacerte pensar sobre lo siguiente.
Antes te he dicho que este tema es delicado, pero no sé si realmente puedes apreciar la magnitud de él.
Y es que,
¿cómo dejar de ser invisible para alguien que no quiere verte?
…
…
…
Podemos estar en dos situaciones diferentes.
Por un lado, esa capa de invisibilidad que nos pone el entrenador puede ser de forma inconsciente por centrarse más en otro o darle una prioridad mayor a otro rol que al tuyo.
O, y aún doliendo mucho, actuar así a conciencia. Ignorandote por qué sí.
Si estamos ante la segunda situación, va a ser como pelear contra un muro. Tu te vas a romper y el otro saldrá ileso (aunque, más abajo hay cositas que te ayudarán a no salir con el puño lleno sangre).
Si hablamos de la primera, quizás alguna acción nuestra pueda hacer que el entrenador sea consciente de su conducta y la modifique.
No obstante, voy a darte herramientas para que sea cual sea tu situación, dejes de sentirte con una capa invisible mientras estás en el entrenamiento.
El PsicoTruco para dejar de ser invisible
Necesitamos al resto para sentirnos queridos, útiles y competentes dentro de este mundo.
Lo que otros opinen sobre nosotros, aunque a veces nos hagamos los duros, nos afecta y mucho.
A nadie le gusta sentir que nadie le habla, que nadie le mira. Que es como si no estuviese, porque ni le dejan un lugar físico cuando se juntan.
Más arriba te he planteado dos situaciones, y ahora vamos a hablar por separado de ellas.
Eres invisible pero tu entrenador no es consciente de que provoca esto.
Lo que no le diría si voy a hablar con él:
«No me miras, siempre estás mirando y corrigiendo a otro, no es justo que a mí no me digas nada, así no puedo mejorar porque nunca me ayudas»
Este discurso solo hará que el entrenador se ponga a la defensiva porque hablas de él y sentirá que es un ataque eso que le dices. Él está actuando de forma inconsciente, por lo que, no será consciente de cómo está actuando contigo y por eso lo negará.
Lo que le diría si voy a hablar con él:
«Quiero contarte cómo me siento últimamente al entrenar. Estoy cometiendo errores y no sé bien porque los hago, me gustaría que pudieras ayudarme a identificar que estoy haciendo mal, para mejorar y ser más útil para el equipo»
Estas frases van orientadas a como tú te sientes y a la ayuda que quieres darle al equipo. No eres un egoísta que habla de ti, sino alguien que quiere aportar al equipo. Además, le pides ayuda para que tu entrenador se haga responsable de tu evolución y con ello te ponga el ojo encima cada vez que haces algo. Y no lo hará para regañarte. Sino para ver qué hacer mejor, porque tú le has enfocado la atención en eso mismo. Él no es consciente de que no te mira, y así, tendra una función determinada frente a ti.
¿Cuando hablaría con él?
Después de trabajar en ti y como última opción para hacer que está situacion sea más llevadera.
Para trabajar en ti ante está situación de invisibilidad, hazte las siguientes preguntas:
¿Nunca, nunca me mira ni me dirige la palabra? ¿No me saluda ni se despide de mi?
¿Cuando sí pone los ojos y palabras en acciones mías?
¿Cómo puedo hacer para que cuando ponga los ojos en mi, se quiera quedar y ayudarme?
¿Cómo puedo hacer yo para ayudar a mi equipo con cada acción que hago?
A lo mejor esa invisibilidad se da en acciones de juego.
Trata de coger protagonismo en las acciones que rodean a este.
Trata de ser el que más anima, el que mejor actitud tiene, el que más pelea en defensa.
Sé el mejor en cosas que no tengan que ver con la tecnica ni táctica.
Sé tan bueno y ayuda tanto que sea imposible que el entrenador no te lo agradezca.
Ahí, cuando aportas al grupo dejándote a ti a un lado.
Ahí será cuando dejes de ser invisible y te conviertes en alguien imprescindible.
Eres invisible y tu entrenador no quiere mirarte.
Es jodido, pero tienes poco que hacer.
¿Porque?
Por qué el ya te ha etiquetado en un rol determinado. Aunque hagas cosas bien, quizás ni las vea o le quite importancia.
Siempre he tenido la creencia de que uno acaba teniendo lo que ha cosechado. De forma consciente o inconsciente.
Si tu entrenador te ha puesto x etiqueta desde el inicio, ¿qué has hecho tú para que eso ocurra?
Es decir, si piensas que tú entrenador no te mira ni te habla, a lo mejor es porque lleva tiempo corrigiendote pero no ve que le prestas atención. O que, pasas de él.
Piensa lo siguiente, ¿cómo era al inicio?
Sé honesto, ¿cómo te has comportado ante sus indicaciones?¿cómo te comportas con el equipo?¿en que ayudas?
Y no me vale que eches responsabilidad fuera. Que digas, «Mar es que yo no ayudo pero porque soy invisible y no me hace caso».
¿Y dejando de aportar al grupo crees que serás más visible?
Sí, pero para lo malo.
Solo te observará para regañarte.
Haz autocrítica y trata de ver qué puedes hacer mejor.
Como última opción, también puedes hablar con él. Pero hazlo de la forma que más arriba te pongo.
Nunca ataques a tu entrenador aunque creas que actúa a conciencia contigo.
Porque realmente, no estás en su cabeza y nunca podrás saber si es así de forma consciente o inconsciente.
Solo tienes en cuenta una percepción tuya que puede estar sesgada por la forma en que le miras.
Si tú también te sientes así, guarda este post y vuelve a él cuando lo necesites. Y si conoces a alguien que lo esté pasando mal con su entrenador, compárteselo. Puede ser el primer paso para dejar de sentirse invisible.
Para acceder a mi newsletter y tener El PsicoTruco en PDF:
Pero no te preocupes. Por Instagram (@mardurannn) a lo largo de la semana subiré contenido muy chulo relacionado con todo esto.
¿Mar, no hay charlas este año?
Pues sí, ya ha está el 4er episodio de El Juego Interior del Voleibol y te dejo por aquí la segunda entrevista: Cómo debe ser un colocador con colocadora en Beziers Angels Officiel.
Elena es colocadora en categoría juvenil. Durante un partido importante, en plena defensa de un balón, cayó mal tras un salto lateral y se rompió el ligamento del tobillo. Tres meses de recuperación, fisioterapia, entrenamientos individuales… y ahora, por fin, ha recibido el alta.
Hoy vuelve a entrenar con el grupo. Nadie dice nada, pero todos esperan que sea la de antes.
Y ella también. O al menos eso cree.
En el calentamiento se siente torpe. En las tareas con balón no llega como antes. Duda en los apoyos. No salta con decisión. Y al cometer el tercer error seguido, una frase le cruza la cabeza: “Ya no soy la misma.”
Y tiene razón. No es la misma. Y eso no tiene por qué ser algo malo.
Como psicóloga, lo veo constantemente en jugadoras como Elena. Su vuelta es física, pero su mente sigue en la lesión. Por eso hoy quiero hablarte de cómo gestionar este momento de forma realista, profesional y saludable.
El problema: volver pensando que todo será como antes
Cuando un jugador o jugadora vuelve tras una lesión, no solo vuelve su cuerpo. También vuelve con él una serie de pensamientos, emociones, miedos y expectativas.
He visto a muchos deportistas que, como Elena, creen que por haber recibido el alta ya deberían rendir como antes. Pero esto no es realista ni justo. No estás en el mismo momento. Tu cuerpo ha cambiado, tu percepción del juego también y tu nivel de confianza está en proceso de reconstrucción.
Volver no es retomar donde lo dejaste, es empezar desde un punto distinto, con nuevas herramientas y una historia en la mochila.
Las consecuencias: cómo afecta no aceptar que has cambiado
Si no aceptamos que el regreso tras una lesión implica adaptación, el rendimiento y la salud mental se ven comprometidos. En el caso de Elena, aparecieron tres bloqueos habituales:
1. Autoexigencia desmedida
Elena se exigía saltar, decidir y ejecutar como antes. No tenía en cuenta que llevaba tres meses sin contacto real de juego. Esta presión la llevó a frustrarse con cada fallo, a tensarse en cada gesto técnico y a desconfiar de sí misma.
2. Comparación constante
No solo se comparaba con su versión anterior, también con sus compañeras que seguían entrenando y compitiendo. Esto generó una narrativa interna de inferioridad: “Van mejor que yo”, “Estoy retrasando al equipo”, “No sé si sirvo ya para esto.”
3. Miedo invisible a recaer
Aunque físicamente estaba recuperada, Elena dudaba en cada recepción y evitaba acciones de salto lateral. El miedo a volver a lesionarse no se había trabajado, y eso la hacía más lenta, menos precisa y más vulnerable al error.
El PsicoTruco: Cómo volver a jugar después de una lesión sin perder la cabeza (ni la confianza)
Vamos a dejarlo claro desde el principio.
Volver a entrenar no significa que estés lista para rendir como antes.
Eso te lo tiene que meter en la cabeza alguien, y si nadie te lo ha dicho hasta ahora, te lo digo yo.
Tu cuerpo ha cambiado. Tu mente también. Y el problema no es eso. El problema es que sigues intentando exigirte como si nada hubiese pasado.
Pues no.
Si quieres volver con inteligencia, sin miedo y sin frustrarte, haz esto paso a paso. No intentes convencerte, ni motivarte. Haz esto. En este orden. Y verás resultados.
Paso 1: Establece tu “semana cero”
Tu “semana cero” es tu verdadero punto de partida. No es el día que te dieron el alta, ni el día que volviste a entrenar con el grupo.
Es el día en el que asumes conscientemente: “Estoy en un nuevo punto de inicio, y voy a construir desde aquí.”
Durante esa semana:
Observa cómo responde tu cuerpo.
Apunta qué gestos te generan inseguridad.
Registra cómo te sientes antes, durante y después de entrenar.
Haz un registro. Uno simple. Lunes a viernes. Anota 3 cosas cada día:
Algo que te haya salido bien.
Algo que te haya incomodado.
Algo que necesites trabajar mañana.
Este cuaderno es tu manual de reconstrucción. Sin juicio. Solo información útil.
Paso 2: Define tu “escala de reincorporación”
Te voy a dar la herramienta super útil que te ayudará a seguir de forma adecuada tu reincorporación, sin prisas y con motivación. Se llama: Escala de reincorporación funcional.
La dividimos en 5 niveles. Tú no pasas al siguiente hasta que sientas seguridad y control en el anterior.
Nivel 1: Presencia
Estás en pista, participas en tareas básicas. Tu único objetivo: moverte sin miedo y volver a sentir la cancha.
Nivel 2: Seguridad técnica
Recuperas la mecánica de tus gestos. Sin presión, sin velocidad. Que tus movimientos sean estables y controlados.
Nivel 3: Ritmo y fluidez
Empiezas a trabajar situaciones más reales de juego. No importa si fallas, importa si lo haces con decisión.
Nivel 4: Reacción y toma de decisiones
Ahora sí: defensa viva, ataque en ritmo, combinaciones reales. Vuelve la velocidad y los errores aparecerán. Aquí es clave tu gestión emocional.
Nivel 5: Competencia
Vuelves al juego real, pero con una diferencia: tienes consciencia, herramientas y feedback. Ya no te exiges como antes, te exiges mejor.
Haz una revisión semanal con tu entrenador/a y sitúate en qué nivel estás.
Paso 3: Entrena tu mente como parte de la rehabilitación
Y aquí, no hay excusa. Si no trabajas lo mental, te quedarás a medias. Estas son las 3 prácticas que tienes que incorporar sí o sí:
1. Visualización técnica diaria
5 minutos al día. Cierra los ojos y repite mentalmente los gestos que aún no te salen en pista. Visualiza cómo los haces bien. Lento. Preciso. Fluido. Esto no es “pensar en positivo”. Es reprogramar tu sistema motor. Y funciona.
2. Respiración de control antes de cada entreno
Hazla antes de empezar. 4 segundos de inspiración – 6 de exhalación – 4 repeticiones. Esto baja tu nivel de activación y mejora tu enfoque.
3. Palabra ancla para el miedo
Elige una palabra corta que te recuerde que estás preparada: Ejemplos: “Estoy”, “Confío”, “Estoy lista”. Cuando el miedo aparezca, respira y repítela internamente. No discutas con el miedo. Redirígelo.
Paso 4: Comparte tu proceso con tu equipo
No cargues sola con lo que te pasa. Habla con tu entrenador/a. No desde la queja. Desde la responsabilidad.
Frases que puedes usar: “Me está costando soltar el pie en los apoyos laterales, ¿podemos incluir alguna tarea más específica para eso?” “Quiero trabajar más la reacción desde defensa, pero todavía me noto lenta en los cambios de dirección.”
Esto no solo te ayuda a ti. Ayuda a tu entrenador/a a saber cómo acompañarte mejor.
Y si eres entrenador/a, ten esta conversación antes de que lo necesite. Anticípate.
En resumen
Volver no es solo recibir el alta. Es reconstruirte desde donde estás, no desde donde te gustaría estar.
Haz este paso a paso. No intentes sentirte preparada. Entrénate para estarlo.
Y si un día, como Elena, piensas “ya no soy la misma”, respóndete con esto:
“No soy la misma. Soy una versión que se está reconstruyendo con inteligencia, respeto y compromiso.”
Eso también es jugar. Eso también es competir. Y eso, si lo haces bien, también puede llevarte más lejos que antes.
Para acceder a mi newsletter y tener El PsicoTruco en PDF:
Pero no te preocupes. Por Instagram (@mardurannn) a lo largo de la semana subiré contenido muy chulo relacionado con todo esto.
¿Mar, no hay charlas este año?
Pues sí, ya ha está el 4er episodio de El Juego Interior del Voleibol y te dejo por aquí la segunda entrevista: Cómo debe ser un colocador con colocadora en Beziers Angels Officiel.
El otro día estaba en sesión y me ocurrió algo muy curioso.
La joven que tenía delante, me sorprendió con su última respuesta.
Tenía tan solo 14 años, pero se le notaba que tiene una gran madurez y que nació para ser colocadora.
Le plantee un ejercicio, dime cuatro fortalezas tuyas.
Tardó un poco, pero solo un poco en tenerlas. Las tres primeras cualidades le salieron de golpe, como si las tuviese preparadas, y la cuarta… esa fue la que me sorprendió realmente.
Lo hizo porque es una habilidad del colocador que yo siempre he pensado que debe tener. Pero también era consciente de que es algo que se consigue con los años y con la experiencia.
Jamás creía que aquella niña, pensase en esa habilidad, ni muchos menos que la dominara de la forma que lo hacía.
Sobre esa habilidad es sobre la que hablaremos hoy mismo.
Además de descubrirtela, te ayudaré en El PsicoTruco a que tú también puedas desarrollarla.
La importancia de la toma de decisiones
Sé que aun no te conté la cuarta fortaleza que me sorprendió de la chica. Pero te la desvelaré en este mismo apartado.
Antes de ello quiero contarte algo.
Como todos sabemos, la toma de decisiones es una de las variables psicológicas que forma parte del voleibol. Es una de las partes fundamentales de nuestra vida y del resultado del juego.
Dentro de este, se encadena una continua toma de decisiones que nos acerca o aleja del ganar.
En cada acción que se juega, cada uno de los jugadores tiene que decidir qué hacer y cómo hacer (aunque esto sea de forma inconsciente).
Desde la forma del saque, hasta la zona concreta al que dirigirlo, el posicionamiento de los brazos en recepción, la habilidad de colocación, la elección del atacante, y la forma de golpeo junto al golpe establecido.
Aunque no lo parezca, ya te desvelé la cuarta fortaleza de la chica. Pero quizás aun no la descubriste.
Si te das cuenta, todo es un continuo tomar decisiones.
Aquel que juga mejor es el que toma mejores decisiones dentro del juego.
Ese que ajusta su tiempo de reacción, la acción y la habilidad de forma específica para sacar el resultado que quería.
El cuidado de la toma de decisiones es un papel fundamental que cada jugador de debe realizar, pero hay uno que tiene más poder que el resto.
¿Cuál dirías que es?
Efectivamente, el colocador (espero que hayas acertado, jiji)
Si nuestra recepción y defensa trabajan bien, pasarán por el colocador todas las bolas. Y este será el que tendrá el poder de decidir quién será el que nos acerque (o aleje) de la victoria.
Es decir, a quién le envía el balón.
Dejando a un lado, el tema técnico y táctico, no porque no sea importante, sino porque no es el campo que más domino, eso se lo dejo a los especialistas de ello.
Quiero hablar de esa toma de decisiones en momentos complicados. No teniendo en cuanta el marcador, que también puede ser, sino teniendo en cuenta el estado de nuestras atacantes.
Y aquí estaría la cuarta fortaleza que la chica me desveló y me asombró.
Si la atacante está bloqueada y me pide la bola, ¿se la coloco?
Pregunta complicada, ¿verdad?
Si no si eres colocador, aunque no sea tu función, ponte un segundo en esa situación.
¿Qué harías?
¿Le colocas la bola para que vuelva a coger confianza?
¿Dejas de colocarle un tiempo para que pueda ir desbloqueándose?
O la pregunta más importante de todas, ¿cómo sabes realmente que está bloqueada?
La respuesta a esta pregunta es la cuarta fortaleza que la chica me comentó.
De forma extremadamente natural me soltó, «se me da bien percibir a quien colocar cuando está bloqueada, según cómo atacó la última vez y con el tono de voz que me pide la bola sé si enviársela a ella o no».
…
Así me quedé yo.
La chica no solo era capaz de plantearse el estado de sus compañeras, sino que era capaz de PERCIBIR SI RELAMENTE ESTABAN BLOQUEADAS POR SU LENGUAJE NO VERBAL, captando esto, su toma de decisiones acaba siendo acertada.
No por nada, sino porque estaba enviando la bola en cada momento, a la persona que mejor podría resolver la situación.
Y lo hacía mediante el análisis comportamental de su compañera, haciendo un escaneo y uniendo toda la información verbal y no verbal que tenía de cada una de las jugadoras suyas.
Si alguna de ellas le pedía el balón, pero la colocadora sabía que estaba realmente agobiada y bloqueada, no se la enviaba. Sabe detectar que bola si debe ponerle y cuando hacerlo.
No sé que como te has quedado tú, pero que una colocadora de 14 años, no solo piense en esta habilidad, sino que la tenga y la ponga en práctica de forma exitosa, a mi me deja asombrada admirándola.
Pero intuyo que no todos los colocadores tienen esta capacidad, así que, voy a darte algunas ideas de las que estar pendiente si quieres basar tu toma de decisiones en algo que pueda orientarte en esos momentos complicados de juego.
El PsicoTruco para decidir a quién colocar
Inciso, lo que te contaré aquí no tiene que ser tu guía de toma de decisiones sobre que hacer en cada momento.
Dentro del desarrollo del juego, a quién colocar la mayoría del tiempo está sujeto a condiciones técnicas y tácticas del juego. Depende de la recepción o defensa, del plan de juego estipulado por el entrenador o por la disposición del bloqueo del campo contrario.
Y lo último que quiero es que dejes atrás esos factores y solo te guíes por lo que a continuación voy a contarte.
La siguiente información debe ser usada en esos momentos en los que tienes libertad de elección y algunas de tus compañeras no te transmite suficiente confianza.
Vamos a descubrir cual podría ser el lenguaje no verbal de la atacante con confianza, y cuál el perfil de la atacante que posiblemente falle.
Inciso dos, esto que te cuento está basado en mi experiencia como entrenadora y psicóloga, enfocándose en los conocimientos que tengo sobre lenguaje no verbal.
Puede ser que una compañera, aunque muestre un perfil de inseguridad en su ataque, pueda hacer un muy buen punto.
Eso deberá ser un trabajo tuyo como colocadora de comprobar y conocer a tus compañeras y como estás se muestran en cada parte del juego.
Dicho esto, vamos al asunto.
Lenguaje no verbal de una atacante INSEGURA que probablemente fallará el punto:
1. Aspectos paralingüísticos:
Tono de voz bajo o temeroso: Si la atacante pide la bola de manera débil o insegura, con un tono de voz bajo, podría estar experimentando dudas sobre su capacidad.
Volumen inconsistente: Pide el balón con una voz que fluctúa en volumen, como si no estuviera segura de si realmente lo quiere.
2. Gestos sutiles:
Movimientos lentos o torpes: Si su cuerpo se mueve de forma vacilante, como si estuviera pensativa o preocupada, es una señal de inseguridad.
Retraimiento: Si evita mirar directamente al colocador o se encoge ligeramente, parece menos preparada para recibir el pase.
Rígidez en los brazos: Si mantiene los brazos rígidos, como si no estuviera completamente relajada o lista para atacar, podría ser una señal de tensión o bloqueo.
Agacharse o encorvarse: Cuando la jugadora se agacha un poco o tiene la espalda encorvada, podría indicar que no está completamente lista o segura para un ataque potente.
3. Expresiones faciales:
Fruncir el ceño: Una expresión facial que muestra tensión o frustración, como si no estuviera disfrutando de la jugada.
Mirada desviada o perdida: Si su mirada está hacia otro lado o no sigue el balón con claridad, puede ser un signo de desconcentración.
Boca apretada o mordiendo el labio: Esto indica ansiedad o una fuerte tensión emocional, señal de inseguridad.
4. Postura corporal:
Cabeza inclinada hacia abajo: En situaciones de baja confianza, la atacante tiende a mirar al suelo, mostrando falta de concentración y energía.
Hombros caídos: Si sus hombros están caídos, especialmente después de un error o cuando se prepara para el siguiente punto, refleja falta de motivación o frustración interna.
5. Evaluación del rendimiento previo:
Si ha cometido errores o ha fallado varios puntos consecutivos, estos signos pueden intensificarse. La inseguridad tiende a acumularse y se refleja en su lenguaje no verbal.
Lenguaje no verbal de una atacante SEGURA que probablemente hará el punto:
1. Aspectos paralingüísticos:
Tono de voz firme y claro: Su solicitud del balón será directa, con un tono de voz firme que demuestra concentración y determinación.
Ritmo constante y controlado: Habla con un ritmo consistente que muestra control emocional y confianza en sí misma.
2. Gestos sutiles:
Movimientos ágiles y fluidos: Los movimientos de la atacante son rápidos y fluidos, sin titubeos, mostrando que está completamente preparada para realizar el ataque.
Postura erguida: Mantiene una postura erguida, con los hombros hacia atrás y la cabeza en alto, indicando energía y foco.
Manos abiertas y relajadas: Los brazos se mantienen relajados, sin tensión, lo que sugiere que está confiada en su habilidad para ejecutar el golpe correctamente.
3. Expresiones faciales:
Sonrisa ligera o expresión neutral enfocada: Su expresión facial puede ser calmada pero decidida, o incluso una ligera sonrisa de confianza al ver que se siente lista para el punto.
Mirada fija y concentrada: Sus ojos siguen el balón con atención, sin distracción, y puede mirar directamente al colocador o a la zona que quiere atacar.
Boca relajada o ligeramente abierta: Una boca relajada o una leve exhalación de aire puede indicar concentración y determinación para ejecutar el golpe.
4. Postura corporal:
Posición de ataque preparada: Su cuerpo está bien equilibrado y listo para saltar o realizar el remate. Está “en su eje”, demostrando estabilidad y control.
Hombros rectos y abiertos: Cuando está segura, la atacante mantiene los hombros en una posición abierta, lo que le permite un rango de movimiento completo y proyecta confianza.
5. Evaluación del rendimiento previo:
Si ha realizado un par de buenos puntos o ha tenido una racha positiva, es probable que mantenga esta postura confiada y su lenguaje no verbal sea más seguro. Además, su nivel de confianza en este caso se refuerza con la buena ejecución previa.
Como antes dije, esto es una guía que podrá ayudarte a decidir, pero no debe ser a lo único a lo que prestar atención y no todas las jugadoras que muestran inseguridad acaban fallando.
NI todas las que muestren seguridad, acabarán puntuando.
Ten en cuenta estos aspectos, conoce a tus jugadoras y trata de sacarle el máximo rendimiento a cada una de ellas.
Tras este post, estás mucho más cerca de tomas mejores decisiones dentro de tu juego.
Para acceder a mi newsletter y tener El PsicoTruco en PDF:
Pero no te preocupes. Por Instagram (@mardurannn) a lo largo de la semana subiré contenido muy chulo relacionado con todo esto.
¿Mar, no hay charlas este año?
Pues sí, ya ha está el 4er episodio de El Juego Interior del Voleibol y te dejo por aquí la segunda entrevista: Cómo debe ser un colocador con colocadora en Beziers Angels Officiel.
Acaba el partido. Sales de la cancha. Tu entrenador te dice: «Buen partido». Tus compañeros te chocan la mano. Pero tú solo piensas en el error del final, el remate que se fue fuera, el fallo en la recepción.
Nada de lo bueno importa. Solo los errores.
Te vas a casa frustrado, con la sensación de que no hiciste nada bien.
¿Te ha pasado?
Déjame decirte algo: tu cerebro te está engañando.
El Sesgo de la Negatividad: Tu mente juega en tu contra
Tu cerebro no es un narrador objetivo. Tiene una tendencia natural a enfocarse en lo negativo.
Se llama Sesgo de la Negatividad, y es un mecanismo de supervivencia: en la prehistoria, recordar un error (como comer una planta venenosa) significaba vivir o morir.
En el voleibol, sin embargo, esto solo hace que te machaques innecesariamente.
Lo peor es que crees que estás viendo la realidad, pero no.
Tu mente está distorsionando los hechos, y si no te das cuenta, ese pequeño error que cometiste se convierte en una losa gigante que afecta tu confianza, tu disfrute y, al final, tu rendimiento.
Haz este experimento
Piensa en tu último partido.
Ahora dime: ¿Cuántas cosas buenas hiciste?
¿Puedes decirme tres jugadas en las que tomaste una buena decisión?
Si te costó responder, pero en cambio recordaste al instante lo que hiciste mal, ya sabes quién está manipulando la historia: tu propia mente.
El precio de no conocer tu mente
Crees que el problema es que «eres muy exigente contigo mismo». Que simplemente «te importa mucho mejorar».
Pero el verdadero problema es que no conoces cómo funciona tu mente, y eso tiene un precio que estás pagando sin darte cuenta.
1. Tu confianza se deteriora
Cada vez que solo te enfocas en lo que hiciste mal, refuerzas la idea de que no eres lo suficientemente bueno.
No importa cuántas veces juegues bien, si tu mente está entrenada para encontrar el error, tu autoconfianza nunca subirá. Y sin confianza, el rendimiento se desploma.
2. Dejas de disfrutar del voleibol
¿Te acuerdas de cuando jugabas solo por diversión? Cuando cada partido era emoción, adrenalina, pasión…
Ahora, cada vez que termina un partido, te sientes insatisfecho. Como si nunca fuera suficiente. Como si jugar bien no importara, porque solo puedes ver lo malo.
Sin disfrute, el voleibol se convierte en una carga, en una fuente de estrés en lugar de satisfacción.
Y cuando jugar deja de ser placentero, el rendimiento baja y la motivación desaparece.
3. Tu rendimiento baja (sin que te des cuenta)
El cuerpo sigue a la mente.
Si te enfocas en los errores, empiezas a dudar. Y cuando dudas, pierdes velocidad, reacción y seguridad en cada movimiento.
Te vuelves más tenso. Más mecánico. Juegas con miedo a fallar en lugar de confianza para arriesgar. Y el miedo siempre te hace jugar peor.
No es casualidad que muchos jugadores con gran talento se queden atrapados en su propia cabeza y no lleguen a su máximo nivel.
4. La presión se convierte en tu peor enemigo
Cuando no conoces cómo funciona tu mente, te conviertes en su prisionero.
Te presionas más. Exiges más. Esperas más de ti mismo, pero sin entrenar la parte que realmente lo necesita: tu mente.
Y así, cada partido importante se vuelve un tormento. Cada error pesa el doble. Cada fallo confirma tu peor miedo: “No soy lo suficientemente bueno”.
El PsicoTruco | Cómo empezar a ver la realidad completa
1️⃣ Haz una «Revisión Objetiva» del partido Después del partido, escribe tres cosas que hiciste bien y tres que puedes mejorar. Tu cerebro quiere que solo veas los errores, pero tú vas a entrenarlo para ver todo el cuadro.
2️⃣ Cambia la pregunta que te haces En vez de decir «¿Por qué jugué tan mal?», pregúntate: «¿Qué aprendí hoy?». Esto cambia el foco de lo negativo a lo constructivo.
3️⃣ Mira los datos reales Si puedes, revisa el partido grabado. Muchas veces te darás cuenta de que tu memoria exageró los errores y que, en realidad, jugaste mejor de lo que creías.
4️⃣ Entiende que tu mente necesita entrenamiento, igual que tu cuerpo Muchos jugadores entrenan su físico y su técnica, pero dejan su mente al azar. Y la mente es lo que marca la diferencia en los momentos clave.
Un pensamiento mal gestionado puede arruinar tu rendimiento.
Un pensamiento bien gestionado puede hacerte ganar un partido.
Bonus extra
Si un amigo jugara como tú, ¿le dirías que fue un desastre?
Seguramente no. Entonces, ¿por qué eres tan duro contigo mismo?
Deja de hacer zoom en los errores y empieza a ver todo el partido.
Si tu mente no está preparada, te va a jugar en contra en cada partido.
Y si no conoces cómo funciona tu pensamiento, seguirás viéndote peor de lo que realmente eres.
«Si no dominas tu mente, ella te dominará a ti. No te dejes engañar por tu propio pensamiento.»
Para tener El PsicoTruco en PDF y mandárselo a tus jugadores, déjame aquí tus datos:
Pero no te preocupes. Por Instagram (@mardurannn) a lo largo de la semana subiré contenido muy chulo relacionado con todo esto.
¿Mar, no hay charlas este año?
Pues sí, ya ha está el 4er episodio de El Juego Interior del Voleibol y te dejo por aquí la segunda entrevista: Cómo debe ser un colocador con colocadora en Beziers Angels Officiel
A menudo veo y me cuentan como los entrenamientos y partidos están cargados de quejas, las cuales generan una mala vibra que empeora todo a su alrededor.
Hoy, vamos a hablar de ella misma, de cómo los y las jugadoras ponen pegas a todo y los 6 pasos para dejar la queja atrás.
Hace un tiempo, con uno de mis referentes en el voleibol y en gestión de grupo, Aurelio Ureña, hablaba este mismo tema.
El me hizo ver la queja de una forma diferente a la que yo la veía.
Le comenté que en mi equipo estaba sufriendo como mis jugadoras a menudo se quejaban de todo.
De TODO.
De la rotación del ejercicio, del ejercicio en sí, de que hay pocos balones, de que están muy blandos, de que los anteriores han tardado un minuto más en salirse de la pista, de que el ejercicio no sale, de que la compañera no se tira, de que la compañera tiene mala, de que me mira mal…
Así podría pasarme un par de horas.
Llegó un momento en el que esa continua voz que ponía una pega a todo, se volvió insoportable. Generan tan mal ambiente dentro de un grupo, que con que haya dos o tres quejas, de repente todos tendrán una visión negativa frente a eso que alguien se quejó.
Da igual que antes para los ojos del resto estuviese saliendo bien, si alguien se queja, ya destruía todo el entorno de trabajo y esfuerzo que se estaba desempeñando.
Como antes te dije, Aurelio me ayudo a verlo desde una perspectiva diferente. Él me dijo que «cuando una persona se queja, lo que hace es hacer colectivo un desagrado propio».
¿Qué quería decir esto?
Que si un jugador dice, «el ejercicio es muy aburrido» o «así no se puede trabajar», lo que está haciendo en verbalizando algo que a él no le agrada. Pero si te das cuenta, no habla de lo que el siente, sino que lo generaliza.
En ese momento, quizás otro jugar estaba sintiendo algo parecido en ese ejercicio, pero seguía trabajando para que le saliera mejor, pero… en cuanto escucha de otro decir «este ejercicio es una mierda», ¿cómo crees que pensará y actuará el otro?
¿Se centrará y se esforzará más para que salga el ejercicio? ¿o en cambio empezará a reducir su trabajo y unirse a la queja?
¿Cómo contribuye esta queja dentro del clima del equipo?¿Hace que se trabaje peor?¿o que de buenas a primeras, la gente deje de esforzarse?
La causa de la queja
Bajo ciencia cierta, no la sé.
Bajo mi experiencia como entrenadora y psicóloga, pienso que es la siguiente.
Piensa en una cosa, cuándo tú te quejas, ¿por qué es?
¿Es porque va todo genial, estás enfocado y trabajando en equipo?
¿Es porque no te sale nada bien, y te sientes tan frustrado que necesitas deshago?
Pues sí, la respuesta más habitual es la segunda. Es más nunca he visto a alguien comprometido y responsable quejándose.
¿Porque no?
Por que cuando las cosas van bien, no hay quejas. Obvio, ¿no?
Pero no es solo eso, nunca hay quejas si el jugador se responsabiliza de su entrenamiento, de su progreso y de su estado.
El jugador se queja cuando cree que el resto deben trabajar para él y hacer que el resalte sin hacer mucho. Y si esto no ocurre, es cuando uno se queja.
La falta de autocrítica es para mi una de las mayores causas de las quejas.
Cuando algo va mal, uno antes de echar culpas o quejar sobre algo, debe mirarse así mismo, para ver que puede mejorar él.
A menudo veo como jugadoras se quejan de algo que ellas también están haciendo, qué hipócrita, ¿no?
Sí, y así hay muchos casos.
Creo que en ese momento, cuando uno siente que no es capaz de realizar eso que debe salir, la incomodidad es tan grande que la única opción que tiene es verbalizarlo para que así ese malestar salga de él y otro se encargue de solucionarlo.
Pero es que esta queja, solo genera un entorno de mal ambiente en el que nadie trabaja a gusto.
No por nada, sino por que una queja no es más que hablar mal de algo.
No es detectar un problema y querer solucionarlo. No.
Es hacer referencia a lo que se hace mal y encima de todo, contribuir a que se siga haciendo peor.
El PsicoTruco para abandonar la queja
La idea base es muy clara.
Solo habla si vas a aportar. Si tu contenido ayuda, habla. Si solo vas a decir algo para desahogarte sin buscar mejoría interna, cállate.
Si eres entrenador, solo permite esto: comunicación que aporte.
Jugador si ves que algo va mal y podría mejorarse, acércate a tu entrenador y coméntaselo a él, pero nunca verbalice tu malestar para que así otro sienta la incomodidad como tú, y es que, mal de tontos, consuelo de muchos.
Si te quejas hablas más de ti que del foco de la queja.
Te está convirtiendo en un irresponsable e individualista que carga de mal ambiente a un grupo solo para sentirse un poco mejor.
En vez de la queja haz lo siguiente:
Cuando veas que algo no está saliendo como quieres, mírate a ti. ¿Qué estás haciendo?¿Estás teniendo la intensidad y buena cara que te deberías tener? ¿Haces de lo que te quejas?
Modifica internamente en ti, eso que quieres ver fuera. Imagínate que tu queja es sobre el pase en colocación. Se queda continuamente corto y el ejercicio no se puede hacer bien. En vez de soltar 💩 por la boca, concéntrate en hacer mejor tu trabajo para que ese mal pase se note lo menos posible.
Ayuda a que tu fuente de queja se haga más pequeña. No verbalices lo que no te gusta, actúa. Quizás no está saliendo algo por una mala actitud de tus compañeras. Actúa y compórtate TÚ con la actitud que querrías que tuviese tu compañera y arrástrala a tu terreno, no permitas que sea al contrario.
Asume que eres jugador. No eres la entrenadora, por que tu función no es dirigir el equipo ni preparar entrenamiento. No opines si no vas a ayudar a tu entrenador. Puede equivocarse, claro que sí, pero nunca deja de ser la autoridad y debe tu respeto. Si crees que algo puede hacerse mejor, de la forma más educada que existe, sugiérele un cambio. Pero tú no eres el entrenador y debes agradecer su trabajo y empeño en el equipo aunque el resultado no sea el correcto. Lo está haciendo lo mejor que sabe y puede.
Responsabilízate de tus acciones y de tu resultado. Si tu remate fue a la red, no culpes a la colocadora. Si la colocación no fue bien, no culpes a la receptora. Si la acción la realizas tú, la culpa es tuya. Puede venirte una mala bola, sí, pero si la empeoras, el problema a sido tuyo. Tu compañera lo hizo lo mejor que pudo, si una mala bola, decides estallarla contra la red, es que eres muy egoísta.
Trabaja en equipo y haz que se trabaje siempre lo mejor posible. Comunica aquello que aporta al grupo, que mejora a tus compañeras, al entrenador y al ambiente del grupo. Sino tienes algo bueno que decir, no digas nada.
Como entrenador, sé muy firme con esto. Trata de que las quejas se disminuyan recordando que si el mensaje no ayuda, que no se diga. Haz que el equipo se comprometa a señalizar a esa persona que se queja y que trate de enfocarse en mejorar lo que está en sus manos.
¿Y tú que quieres un compañero que se queja o que aporta?
Encárgate tú de ser el que aporta. Si todos se enfocan en esto, el equipo funciona.
Te veo la semana que viene😝
¿Qué haré una semana sin ti, Mar?
Yo también me lo pregunto…
Pero no te preocupes. Por Instagram (@mardurannn) a lo largo de la semana subiré contenido muy chulo relacionado con todo esto.
¿Mar, no hay charlas este año?
Pues sí, ya ha está el 3er episodio de El Juego Interior del Voleibol y te dejo por aquí la segunda entrevista: El miedo a la lesión y cómo afrontar un error con Fran Ruiz, receptor del Vidya Viridex Sabaudia:
A menudo veo como jugadores y entrenadores pierden la concentración en el juego tras la realización de varios errores.
Me fascina ver el poder que tiene la mente en el rendimiento deportivo, ya que si no sabemos cómo funciona éste, podemos estar anclándonos continuamente a un mal funcionamiento de nuestras capacidades y técnica.
La explicación del bloqueo mental dentro del vóley | Ceguera Neuronal
Todo lo que te explicaré hoy está sacado de Neurociencia del cuerpo, un libro maravillo en el que Nazareth Castellanos (licenciada en física teórica y doctora en neurociencia) lleva las investigaciones más actuales sobre el mundo de la neurociencia del cuerpo, a la población general.
En él nos cuenta que «la percepción tarda su tiempo en llegar, pero también tarda un tiempo en irse» (Castellanos, 2022).
Esto quiere decir, que cuando nosotros captamos la información del exterior (el jugador contrario con el balón en la mano) mi conciencia tarde algunos milisegundos en percatarse de ello. Desde que capto el estímulo hasta que mi corteza frontal lo detecta, pasa un tiempo. A eso se refiere Nazareth a que la percepción tarda su tiempo en llegar.
Y esto, creo que todos más o menos lo sabemos, pero lo curioso aquí es la segunda parte, también tarda en irse.
Castellanos (2022) nos cuenta que cuando percibimos una imagen, nuestro cerebro la procesa y permanece unos segundos enganchado a esa imagen, a eso que percibió.
Es decir, yo en cuento veo y soy consciente de que el jugador contrario tiene el balón para sacar, no se va en cuanto llega.
Pero eso no es todo, sino que «la siguiente imagen que llega será procesada por el cerebro que continúa gestionando la información anterior, por lo tanto, la nueva percepción será siempre una comparación con la anterior» (Castellanos, 2022).
¿Te suena?¿No te ha pasado que el punto anterior ya acabó pero en tu mente aun siguen restos de esa acción que se queda rondando por tu pensamiento?
Pues esto es a lo que se refiere nuestra neurocientífica cuando dice que la nueva percepción siempre será una comparación con la anterior, y es que, si remato bien y luego mal, el segundo remate, siempre será una comparación de lo que antes había pasado.
A lo anterior, Nazareth dice que «cuanto más rápidamente de suceden los hechos más evidente será la huella» (Castellanos, 2022).
Y ahora yo te pregunto, ¿hay algo más rápido que el voleibol? ¿Más rápido que esos tiempos cero del central o ese saque en potencia que en un segundo está a tu lado viajando a 100km/h?
No, y esto complica mucho más todo el juego y la concentración en él. Ya que cada acción va dejando una huella en nuestra percepción, dificultando las siguientes.
En el libro, la experta en neurociencia nos cuenta con un ejemplo japonés este hecho.
Ella dice que en Japón hay un término llamado maru, que tiene que ver con las perturbaciones que deja un barco cuando pasa por el mar.
«La percepción también tiene sus marus, perturbaciones en la actividad neuronal que permiten y protegen la expresión de la percepción» (Castellanos, 2022), con lo que continúa diciendo «al igual que en el mar, donde acercarse a una nave en movimiento perturba el navegar de quien se acerca, en el cerebro la percepción se abre paso entre un mar neuronal plagado de experiencia previas« (Castellanos, 2022).
Y esto mismo es lo que ella llama ceguera neuronal, que hace referencia a la resistencia neuronal frente a un estímulo previo, que genera un estado en el que imposibilita al cerebro para procesar el estímulo siguiente por estar excesivamente involucrado en el procesamiento anterior.
Dicho de otra forma, te cuesta percibir el ataque del central contrario porque tu atención se quedo en la acción anterior (la recepción).
Y aquí, Castellanos (2022) añade una información muy relevante para lo que nos atañe dentro del deporte «los estados de estrés aumentan la viscosidad y, por lo tanto, dificultan la flexibilidad con que el cerebro debe responder a un mundo en constante cambio». Haciendo que tardes más en responder una vez se ha desarrollado la siguiente acción.
Finaliza Nazareth (2022) este apartado diciendo que: «la percepción no es una secuencia de actos independientes unos de otros, depende de a donde va y de donde viene». Y es que, como ella diría, nuestra dinámica neuronal es un océano lleno de marus (Castellanos, 2022).
El PsicoTruco para dejar los bloqueos mentales durante el juego, atrás
¿Cómo soluciono este funcionamiento involuntario de marus y ceguera neuronal?
Nazareth nos da la solución, ya que algunas hay estudios en algunas universidades donde se comprobó esto mismo.
«La Universidad de Lyon midió la duración de la ceguera neuronal en los meditadores y observó que sus cerebros procesan la información que llega y al poco de desaparecer la ceguera se desvanece, lo que permite la percepción de información nueva» (Castellanos, 2022).
Es decir, aquellos que incorporan la meditación en su día a día, son capaces de tener menos ruido mental y permitir que en cuanto la información se capta, se puede percibir nueva, quedando la ceguera neuronal casi imperceptible.
Teniendo esto cuenta, te doy algunas ideas para que puedas ir instaurando en tu rutina deportiva de voleibol.
PRE- JUEGO:
Siéntate en una posición cómoda, cierra los ojos y concéntrate en la respiración (5 minutos).
Pon tus manos en el abdomen y siente como éste se deshincha e hincha.
Cada vez que notes pensamientos distractores, suavemente redirige tu atención a la sensación del aire entrando y saliendo.
MICRO PAUSA DURANTE EL JUEGO
En momentos de baja actividad, toma “micro-pausas” mentales de 10 a 15 segundos.
Justo después de cometer un error, cierra brevemente los ojos (o fija la mirada en un punto neutro en la cancha) y realiza 3 respiraciones profundas y controladas.
Esto te ayudará a “resetear” la percepción, disipando el rastro del error anterior y permitiendo que la mente se abra a la nueva información sin interferencias de lo vivido.
POST JUEGO
Al terminar una acción complicada (como un remate o un bloqueo), dedica unos segundos a “desconectar” mentalmente.
Realiza un breve conteo interno (por ejemplo, “uno, dos, tres”) mientras visualizas una imagen relajante (como el mar en calma, evocando el concepto del “maru” en la percepción).
Esta pausa breve actúa como un reseteo neuronal, minimizando la persistencia de la huella del error y permitiendo que la percepción se renueve.
Incorpora estas acciones en cada entrenamiento, te permitirán tener mucha claridad mental, rapidez en tus acciones y disminuir el estrés que pueden producir momentos de mucha activación.
Empieza practicándolo en cada entrenamiento e incorpóralo poco a poco en tus partidos.
Te veo la semana que viene😝
¿Qué haré una semana sin ti, Mar?
Yo también me lo pregunto…
Pero no te preocupes. Por Instagram (@mardurannn) a lo largo de la semana subiré contenido muy chulo relacionado con todo esto.
¿Mar, no hay charlas este año?
Pues sí, ya ha está el 3er episodio de El Juego Interior del Voleibol y te dejo por aquí la segunda entrevista: El miedo a la lesión y cómo afrontar un error con Fran Ruiz, receptor del Vidya Viridex Sabaudia:
Un tema del que casi nadie habla y que es necesario visibilizar.
Hoy te hablaré desde mi experiencia, no solo como psicóloga, sino también como entrenadora.
He sentido en mi propia piel esa saturación de la que te voy a hablar, y sé que no soy la única.
La señal de alerta que no puedes ignorar
El otro día estaba con una compañera. Se la veía cansada, demasiado para ser lunes. Algo no encajaba.
—¿Dormiste mal? —le pregunté.
—No… pero es que no puedo más. No quería ni venir ahora. Estoy harta del voleibol.
Esa frase me encendió todas las alarmas.
Hablando con ella, nos dimos cuenta de que llevaba siete días seguidos encerrada en el pabellón, entre entrenamientos, partidos y responsabilidades personales. El fin de semana había sido agotador: partidos interminables, viajes, llegar tarde a casa… Y el lunes, en lugar de comenzar con energía, ya estaba quemada.
Si una persona que ama el voleibol dice “no puedo más”, algo no va bien.
Le pedí que buscara un momento en la semana para desconectar. Solo un rato. Un respiro. Porque si no lo hacía, el estrés seguiría acumulándose, empujándola cada vez más cerca del burnout.
Saturación Emocional del Entrenador: El Costo Invisible
Recuerdo mi primer año como entrenadora. Llevaba tres equipos. No era diseñar entrenamientos lo que más me agotaba, sino el desgaste mental y emocional de gestionar a tres grupos de adolescentes.
Sabemos que cada equipo es un mundo, y que cada jugadora, aún más. Para hacer bien nuestro trabajo, no podemos tratarlas a todas igual, ni enfocarnos en la misma tarea de la misma manera.
Entrenar un solo equipo ya requiere tiempo, energía y paciencia. Llevar tres o cuatro es hipotecar tu vida al pabellón y a los equipos… y olvidarte de ti mismo en el proceso.
Porque el trabajo no termina cuando acaba el entrenamiento.
Horas analizando partidos
Haciendo estadísticas
Buscando soluciones
Diseñando estrategias
Toda esa carga mental pesa. Y se nota.
Yo empecé a notarlo cuando mi capacidad de tomar decisiones se vio afectada. A veces, aunque estuviera físicamente en la pista, mentalmente estaba en otro lugar. Me sentía bloqueada. No podía reaccionar rápido.
Y lo peor vino después.
Cuando la fatiga se acumuló, llegó la desmotivación. Perdí la ilusión. Mis ganas de entrenar bajaron, y con ellas, la calidad de mi trabajo.
¿Cómo llegué hasta ahí?
Porque mi vida se redujo a voleibol.
No tenía descanso. No tenía otros espacios donde desconectar. No tenía un “yo” fuera del pabellón.
Y eso me pasó factura.
Lo veo repetirse en otros compañeros. Pensar 24/7 en voleibol se ha normalizado. Puede parecer algo positivo, pero si no tienes nada más en tu vida, corres el riesgo de caer en una dependencia emocional con el voleibol, generando una relación tóxica con lo que antes amabas.
¿Saturación o Burnout? La Línea Fina Que No Debes Cruzar
Si sigues yendo a entrenar con pasión, este post no es para ti.–
Si cada vez te cuesta más, si las ganas se han ido, si todo pesa… necesitas parar y replantearlo.
Aquí te dejo las diferencias para que sepas si lo que sientes tiene que ver con uno u otro.:
Saturación del Entrenador:
Sensación de sobrecarga mental y emocional.
Cansancio, irritabilidad y dificultad para desconectar.
Todavía hay pasión, pero la gestión emocional es difícil.
Se puede revertir con estrategias adecuadas.
Burnout (Síndrome del Quemado):
Estrés crónico mal gestionado.
Agotamiento físico, mental y emocional extremo.
Despersonalización (pérdida de empatía con jugadores).
Desmotivación profunda y sensación de ineficacia.
Requiere descanso prolongado e incluso ayuda profesional.
Si te identificaste con el burnout, tu salud mental está en peligro. No lo ignores. Busca apoyo antes de que vaya a más.
El PsicoTruco | Cómo Dejar de Estar Saturado y Volver a Disfrutar
No se te puede olvidar algo fundamental:
Antes que entrenador, eres persona.
Amar tu trabajo es maravilloso, pero no puedes permitir que te consuma. Aquí tienes algunas estrategias que me han ayudado a no caer de nuevo en la saturación.
1️⃣ Programa un día (o medio día) SOLO PARA TI
Si tu trabajo no te lo permite, busca una tarde, una mañana o unas horas en la semana. Sal del pabellón. No vale quedarse en casa viendo TikToks. La clave es hacer algo que requiera tu atención:
✔️ Ir al cine
✔️ Quedar con amigos
✔️ Jugar al pádel
✔️ Caminar por el parque
Si tu mente no está concentrada en otra cosa, inevitablemente volverá al voleibol.
2️⃣ Organiza tu semana el domingo
Escribe todo lo que debes hacer.
Asigna cada tarea a un día.
Cada noche, revisa el día siguiente.
Incluye entrenamientos, horas de salida, preparación de comidas, descansos… TODO.
Esto te dará una sensación de control y claridad, evitando que el estrés se acumule.
3️⃣ Dedica 10 minutos al día SOLO PARA TI
Puede ser tu rutina de skincare, leer antes de dormir, jugar un videojuego. Lo importante es que ese tiempo sea tuyo y solo tuyo.
4️⃣ Aprende a gestionar tus emociones
Vas a lidiar con adolescentes o adultos todos los días. Tendrás momentos en los que las cosas no saldrán bien.
Si no sabes manejar tus emociones, la frustración te irá quemando poco a poco.
Es mejor procesarlas cada día que dejar que se acumulen hasta explotar.
Vas a necesitar tener herramientas para afrontar tu día a día.
Estas estrategias me han permitido seguir disfrutando de entrenar, dar lo mejor de mí a mis jugadoras, tomar decisiones con claridad y mantener la motivación incluso cuando los resultados no acompañan.
Si te sientes saturado, habla con alguien. Escribe. Encuentra una forma de sacar lo que llevas dentro.
Y si sientes que el solo hecho de pensar en entrenar te genera angustia, contáctame. Podemos trabajar juntos para recuperar la motivación por lo que amas.
Te veo la semana que viene😝
¿Qué haré una semana sin ti, Mar?
Yo también me lo pregunto…
Pero no te preocupes. Por Instagram (@mardurannn) el 14, día de San Valentín habrá un video especial y a lo largo de la semana habrá contenido muy chulo relacionado con todo esto.
¿Mar, no hay charlas este año?
Pues sí, ya ha está el 3er episodio de El Juego Interior del Voleibol y te dejo por aquí la segunda entrevista: El miedo a la lesión y cómo afrontar un error con Fran Ruiz, receptor del Vidya Viridex Sabaudia:
A los 15 años, viví una relación que me atrapó sin darme cuenta. No era amor, aunque yo lo creía. Era dependencia.
Cada día giraba en torno a él. No importaba qué planes tenía, si existía la posibilidad de verlo, todo lo demás quedaba en segundo plano. Si me escribía un mensaje, mi corazón se aceleraba de felicidad. Si tardaba en responder, mi mente entraba en pánico.
Sin darme cuenta, mi felicidad dejó de ser mía. Se convirtió en una montaña rusa que él manejaba sin saberlo.
Las opiniones de los demás dejaron de importarme. Las amistades de toda la vida se fueron desdibujando, porque en mi mundo solo había espacio para él. Lo que a mí me gustaba, lo que yo quería, pasó a un segundo plano.
Con el tiempo, me convertí en una versión de mí misma que no reconocía. Insegura, frágil, dependiente. Me daba miedo hacer cosas sola. Sentía vergüenza hasta de hablar con un camarero si él no estaba.
Pero lo peor de todo no era la dependencia. Lo peor era cuando las cosas con él iban mal. Porque cuando él me fallaba, no tenía dónde sostenerme. Había construido mi mundo sobre una única persona y, cuando ese mundo temblaba, yo me derrumbaba con él.
Durante seis años viví así. Hasta que llegó el momento que lo cambió todo.
Me fui de Erasmus. De repente, estaba en otro país, con otra vida, sin él. Y tuve que aprender a vivir sin su presencia.
Al principio fue difícil. Me sentía vacía. Pero poco a poco, empecé a descubrir algo que había olvidado: yo tenía vida más allá de él. Hice amigos, salí, viajé, disfruté de pequeños momentos sin que mi felicidad dependiera de una notificación en el móvil.
Por primera vez en mucho tiempo, me sentí libre.
Y fue en ese momento, cuando construí una vida donde él no era el centro, cuando entendí la verdad: aquello no era amor, era una cárcel emocional.
Pude soltar. Pude cerrar ese capítulo. Y lo más importante: pude convertirme en alguien que no dependía de nadie ni nada para ser feliz.
¿Y qué tiene esto que ver con el voleibol?
Tal vez esta historia te suene. No por una relación de pareja, sino por la relación que tienes con el voleibol.
Si sientes que tu estado de ánimo depende de cómo juegas, si tu felicidad fluctúa según lo que dice tu entrenador, si sientes que sin el voleibol no eres nadie… puede que tu relación con el deporte no sea sana.
Lo mismo que me pasó a mí con aquella relación, le pasa a muchos jugadores con el voleibol.
Pero, igual que yo aprendí a vivir sin depender de una persona, tú puedes aprender a disfrutar del voleibol sin que tu felicidad esté atada a él.
¿Quieres saber si tienes una relación tóxica con el voleibol? Te lo cuento más abajo.
Así es una relación tóxica con el voleibol
A continuación voy a mostrarte con ejemplos reales del día a día del voleibol, como sería una relación un tanto insana con tu hobbie.
1. Dependencia emocional: tu felicidad depende del voleibol
Es sábado por la tarde, acabas de perder un partido. Estás en casa, pero no puedes disfrutar de la cena con tu familia. No tienes ganas de salir con amigos. Estás dándole vueltas a cada error, sintiéndote mal contigo mismo. Si hubieras ganado, estarías feliz y motivado, pero como perdiste, sientes que no vales nada.
Si ganas un partido, estás en la cima del mundo. Pero si pierdes, tu día se arruina.
Si tu felicidad depende del voleibol, no eres tú quien decide cómo te sientes, sino los resultados y el rendimiento. No controlas tus emociones, el voleibol las controla por ti.
2. Autoestima condicionada: solo te sientes valioso si juegas bien
Haces un error en un partido y el entrenador te saca del campo. Mientras estás en el banquillo, en lugar de seguir el partido, te repites a ti mismo: «Soy un desastre, seguro que no vuelvo a jugar». Al final del partido, el entrenador no te dice nada. Te vas a casa convencido de que no sirves para el voleibol.
Si haces un buen entrenamiento o un buen partido, te sientes confiado y seguro. Pero si fallas, tu autoconcepto se destruye. Tu valor personal depende de tu rendimiento.
Si juegas bien, te sientes valioso; si juegas mal, te sientes un fracaso. Esto genera ansiedad y miedo al error, lo que termina afectando aún más tu rendimiento, haciéndote jugar mal.
3. Miedo al abandono: no soportas la idea de que te dejen fuera
Durante la semana has entrenado mal, y llega el viernes. Estás obsesionado con la idea de que quizás no estés en el seis titular. Antes de que diga la rotación, ya estás nervioso. Cuando ves que no juegas, sientes que te han traicionado. No piensas en mejorar, solo en lo injusto que es todo.
Tienes pánico de no ser convocado, de perder la titularidad o de que tu entrenador o equipo te olviden.
Estás viendo el voleibol como una relación en la que tienes miedo de ser reemplazado. Esto te llena de ansiedad y hace que disfrutes menos del deporte.
4. Celos y comparación constante: siempre te sientes en desventaja
Un compañero recibe elogios del entrenador en el entrenamiento, pero tú no. Aunque sabes que lo hizo bien, en lugar de alegrarte, sientes que él es una amenaza. Esa noche, en casa, no puedes dejar de pensar en que tal vez él sea mejor que tú, y te obsesionas con demostrar que eres superior en el próximo entrenamiento.
Tu confianza se ve afectada cada vez que comparas tu rendimiento con el de los demás.
En lugar de enfocarte en tu propio proceso, vives pendiente de lo que hacen los demás. En una relación sana con el voleibol, te motivas con los compañeros; en una relación tóxica, los ves como enemigos.
5. Sacrificio extremo: el voleibol por encima de todo
Un amigo te invita a una cena el viernes, pero dices que no porque el sábado tienes partido. No porque necesites descansar, sino porque sientes culpa de hacer algo que no sea voleibol. Luego, en los entrenamientos, juegas con dolor, aunque tu cuerpo te dice que pares.
No hay nada más importante que el voleibol. Cancelas planes, sacrificas descanso y lo dejas todo por entrenar, incluso si eso te hace daño.
Crees que si no das el 100% todo el tiempo, no eres un buen jugador. Pero este sacrificio excesivo te lleva al agotamiento físico y mental, lo que termina afectando tu rendimiento y tu salud.
6. Incapacidad para desconectar: el voleibol está en tu mente 24/7
Es domingo, no hay entreno ni partido, pero sigues dándole vueltas a lo que hiciste mal el sábado. No puedes disfrutar de una película sin sentir que podrías estar viendo un partido para analizar jugadas.
No puedes parar de pensar en el voleibol, incluso en tus momentos de descanso.
No tienes equilibrio. Tu identidad se ha fusionado con el voleibol y sientes que si no estás pensando en él, estás perdiendo el tiempo.
Cuando el voleibol es lo único que importa… lo pierdes todo
Si estas situaciones te suenan familiares, puede que tu relación con el voleibol no sea sana. Así como en una relación de pareja tóxica, te has vuelto dependiente, inseguro y controlado por el deporte.
Pero aquí está la clave: el voleibol no es el problema. El problema es cómo te relacionas con él.
En la siguiente parte, veremos por qué sucede esto y cómo puedes transformar tu relación con el voleibol para que sea sana, estable y libre.
¿Por qué sucede esto?
Si el voleibol es un deporte que amamos, que nos motiva y que nos hace crecer, ¿por qué a veces terminamos atrapados en una relación tóxica con él?
La respuesta está en nuestro cerebro. No es que el voleibol tenga algo malo en sí mismo, sino en cómo nuestro cerebro procesa las recompensas, la validación y la incertidumbre.
Hay tres factores clave que nos llevan a esta dependencia emocional:
1. La necesidad de aprobación: cuando jugamos para gustarle a los demás
Desde pequeños, aprendemos que el reconocimiento externo nos da valor. En el voleibol, este reconocimiento viene del entrenador, los compañeros, los padres e incluso los compañeros de otros equipos del club o fuera.
Si nos acostumbramos a medir nuestro valor según la opinión de los demás, nuestra autoestima se vuelve frágil y dependiente.
Es como si, un jugador se esfuerza en cada entrenamiento no porque disfrute mejorar, sino porque necesita que el entrenador lo reconozca. Si el entrenador lo elogia, se siente valioso. Si no le dice nada, empieza a dudar de sí mismo.
Este genera dependencia emocional ¿por qué? Porque el jugador no juega para sí mismo, sino para la validación externa. Su motivación no viene de dentro, sino de la aprobación de otros. Esto lo vuelve vulnerable: si no recibe ese reconocimiento, su autoestima se desploma.
🛑 Esta dependencia provoca ansiedad, miedo al error y una presión constante por ser «suficientemente bueno» para los demás.
2. El refuerzo intermitente: la trampa de la incertidumbre emocional
El refuerzo intermitente es un principio del condicionamiento operante: cuando una recompensa no es constante, sino impredecible, se vuelve más adictiva. Es el mismo principio que usan los casinos con las máquinas tragaperras. Nuestro cerebro se engancha a lo que a veces nos da recompensa y a veces no.
Un jugador puede hacer un entrenamiento excelente y recibir elogios, pero al día siguiente hacer lo mismo y no recibir ninguna respuesta. O puede jugar bien pero perder el partido y no obtener la recompensa esperada.
Y esto puede acabar en problemas, ¿por qué?
El jugador queda atrapado en un juego de «voy a esforzarme a ver si esta vez obtengo el premio».
Vive en tensión constante, porque no sabe cuándo recibirá validación.
Aumenta la ansiedad, porque su autoestima queda a merced de factores externos (decisiones del entrenador, estado del equipo, etc.).
Este tipo de refuerzo genera una relación obsesiva con el voleibol. Como no siempre recibe la validación, intenta jugar mejor y mejor para conseguirla, pero al no tener control total sobre el resultado, sufre ansiedad y miedo al fracaso.
La cuestión no es que trato de mejorar sino desde que lugar trato de hacerlo. En este caso hay que diferenciar dos situaciones:
Si un jugador se frustra, se obsesiona y su autoestima baja cuando no recibe validación, está cayendo en la trampa del refuerzo intermitente. Esto es dependencia emocional.
Si un jugador acepta que debe mejorar y trabaja para ello, tiene control sobre su progreso. Esto es sano. Y lo que debe ocurrir.
3. La vía de la dopamina: la adicción al éxito y al reconocimiento
La dopamina es un neurotransmisor relacionado con el placer y la motivación. Se libera cuando anticipamos o logramos algo satisfactorio, como ganar un partido, recibir elogios de un entrenador o hacer una jugada espectacular. Pero el problema es que, cuando la dopamina se convierte en nuestra única fuente de felicidad, nos volvemos adictos a ella.
Imagina que un jugador hace un saque increíble en un momento clave del partido y su equipo gana. Todos lo felicitan, el entrenador lo menciona en la charla final y sus compañeros lo celebran. Su cerebro libera dopamina, lo que genera una sensación de placer y refuerza la idea de que su valor como jugador (y persona): necesita el éxito para sentirse bien.
En este caso, eso acaba generando que:
El jugador comienza a perseguir desesperadamente ese «subidón» de dopamina, lo que lo hace obsesionarse con el rendimiento.
Si no recibe validación (porque falla o simplemente no es protagonista), entra en frustración y ansiedad.
Se acostumbra a que el placer viene solo del éxito, lo que lo hace incapaz de disfrutar del proceso, deja de buscar el disfrute del juego en sí mismo y solo se enfoca en obtener la «dosis» de dopamina.
Entonces, ¿qué hacemos con esto?
Ahora que entiendes por qué tu cerebro te hace dependiente del voleibol, la pregunta es: ¿cómo rompemos este ciclo y construimos una relación sana con el deporte?
Aquí es donde entra el PsicoTruco.
Sigue leyendo, porque vamos a transformar tu relación con el voleibol para siempre.
El PsicoTruco para liberarte de tu relación tóxica con el voleibol
Ya sabes qué te está pasando. Ya has visto cómo tu relación con el voleibol ha dejado de ser algo sano y se ha convertido en una dependencia emocional.
Pero, ¿y ahora qué? ¿Cómo salir de ahí?
La clave está en cambiar la forma en la que te relacionas con el voleibol, hacer que pase de ser una necesidad a ser una elección, de una obsesión a una pasión saludable. Y para eso, hay algo que quiero que entiendas antes de empezar:
El voleibol es parte de tu vida, pero no es toda tu vida.
Y lo vas a comprobar con este ejercicio.
Ejercicio para transformar tu relación con el voleibol
1️⃣ Identifica qué es lo que más te atrapa Si has llegado hasta aquí es porque, de alguna manera, el voleibol te tiene enganchado. Pero, ¿qué es lo que más te ata a él? Piensa en esto y responde con total sinceridad:
¿Es la validación del entrenador o de tus compañeros?
¿Es el miedo a no ser suficiente sin el voleibol?
¿Es la sensación de vacío que sientes cuando no estás en una cancha?
¿Es el subidón de adrenalina cuando las cosas salen bien?
Lo que sea que hayas respondido, es tu ancla. Y es lo que tenemos que romper, y lo que vamos a romper.
2️⃣ Hazte esta pregunta clave: ¿Qué queda de ti si mañana el voleibol desapareciera de tu vida?
Si la respuesta es «nada», tenemos un problema. Pero no te preocupes, vamos a arreglarlo.
Haz una lista de todo lo que eres más allá del voleibol:
Tus habilidades (por ejemplo, «soy bueno motivando a la gente»)
Tus pasiones (lo que disfrutas fuera de la cancha: leer, ir al cine, salir a pasear…)
Tus valores (qué es lo que realmente te define)
Si te cuesta encontrar respuestas, es una señal clara de que has estado invirtiendo demasiado en el voleibol y poco en construir otras partes de ti.
3️⃣ Rompe el ciclo de la validación externa Cada vez que tu mente busque aprobación en el voleibol, cambia el enfoque. Los siguientes ejemplos te ayudarán a ello:
❌ «Si el entrenador no me felicita, no lo hice bien.» ✅ «Lo hice bien porque di mi máximo esfuerzo y aprendí algo.»
❌ «Si fallo en el partido, soy un desastre.» ✅ «Un error no me define, lo que hago después de él sí.»
4️⃣ Entrena tu cerebro para disfrutar sin depender del éxito A partir de hoy, antes de cada entrenamiento o partido, pregúntate:
¿Qué voy a disfrutar hoy, más allá del resultado?
¿Cómo puedo valorar lo que hago sin que dependa de lo que otros piensen?
Haz esto un hábito y empezarás a notar el cambio.
5️⃣ Crea una vida fuera del voleibol Si el voleibol es lo único que tienes, no es raro que te sientas vacío cuando no juegas. Por eso, necesitas algo más.
Empieza por pequeños pasos:
Dedica al menos un día a la semana a algo que no tenga nada que ver con voleibol.
Rodéate de personas que no te valoren solo como jugador, sino como persona.
Desarrolla otros intereses y recuerda que el voleibol es parte de tu identidad, pero no lo es todo.
La clave final: el voleibol no te completa, te acompaña
¿Recuerdas cómo comenzó este post? Te conté mi historia, la de una relación donde mi felicidad dependía de una persona.
Al principio creí que sin él, yo no era nadie. Que sin él, mi vida no tenía sentido. Que sin él, yo no podía ser feliz.
Pero cuando aprendí a construir mi vida más allá de él, descubrí que podía ser feliz sin necesidad de depender de alguien más.
Con el voleibol pasa lo mismo. No necesitas que el voleibol te haga sentir valioso, porque ya lo eres.
Tú decides cómo te relacionas con este deporte. Puede ser una prisión o una pasión.
Está en tus manos.
Haz el ejercicio. Date la oportunidad de descubrir quién eres más allá del voleibol. Porque cuando lo hagas, jugarás mejor, disfrutarás más y, lo más importante… serás verdaderamente libre.
Cuéntame en los comentarios: ¿qué has descubierto sobre tu relación con el voleibol?
Te veo la semana que viene😝
¿Qué haré una semana sin ti, Mar?
Yo también me lo pregunto…
Pero no te preocupes. Por Instagram (@mardurannn) el 14, día de San Valentín habrá un video especial y a lo largo de la semana habrá contenido muy chulo relacionado con todo esto.
¿Mar, no hay charlas este año?
Pues sí, ya ha está el 3er episodio de El Juego Interior del Voleibol y te dejo por aquí la segunda entrevista: El miedo a la lesión y cómo afrontar un error con Fran Ruiz, receptor del Vidya Viridex Sabaudia: